lunes, 10 de diciembre de 2018

Es momento de darle vuelta a la página...


Si algo sabe un político experimentado es que en democracia las derrotas y las victorias son pasajeras. Historias de políticos exitosos que en algún momento vieron su destino cuesta arriba sobran en todas las latitudes; desde resistencias heroicas como la de Nelson Mandela en Sudáfrica en la lucha contra el Apartheid hasta el levantamiento de un joven soldado austriaco en la primera guerra mundial que llegaría a ser el Führer. La opinión pública y las preferencias políticas del mañana se transforman por los actos del presente; del cumplimiento de las promesas depende que tan pronto o que tan tarde llegará el movimiento del péndulo dentro del espectro político.

Entiendo el sentimiento de los derrotados en la última elección presidencial en México, no perdieron solo la elección y la dirección del gobierno, también perdieron el control sobre el aparato de bienestar que los ha cobijado; pero dada la certeza que en algún momento retornarán al poder, ¿vale la pena perder el tiempo buscando como hacer tropezar al nuevo gobierno con los mismos argumentos que fueron ignorados por la sociedad el 1 de julio?

El nuevo gobierno por si solo inevitablemente cometerá errores, tratar de exhibirlos en momentos en que tiene la opinión pública a favor ¿no resulta contraproducente? Quizá lo más conveniente en este momento es trabajar en la autocrítica y en la modificación de la imagen que durante años forjaron mediante sus políticas económicas, políticas y sociales que se reducen a una sola palabra, imprecisa pero efectiva ante el imaginario colectivo: “neoliberalismo”.  ¿Qué pasaría si las plumas periodísticas y opinólogos predilectos cerraran la boca? Creo que los disensos al interior de la izquierda se empezarían a oír, contagiando de objetividad a las críticas y despertando la crítica de la sociedad.

Lo que existe hoy a la ahora oposición seguro le parece un contagio social de irracionalidad. No lo es, es el rencor sembrado durante tantos años de injusticia y, si no se callan, en el corto plazo arrasará con todas las instituciones que han servido a sus intereses o si lo quieren creer así, al interés de México; incluidos el federalismo, la separación de poderes, las instituciones autónomas, entre otros, como ahora mismo se está poniendo bajo asedio al poder judicial. Lo que deben entender es que con tan solo un poco de objetividad de su parte verían que nadie puede justificar ni los salarios ni la impartición de justicia en México. Tratar de defender la legitimidad del Poder Judicial ante la opinión pública es una pelea perdida desde ahora. Tratar de rescatarla sería perder lo más por lo menos. Las nominaciones totalmente sesgadas para el puesto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación que deja el ministro José Ramón Cossio Díaz no serían las mismas sin las polémicas por los salarios.

Durante la elección, el argumento principal de los detractores de Morena, fue que sí se puede estar peor, y describían situaciones de terror que hablaban de Venezuela. Eso es lo mismo que les digo ahora, ustedes sí pueden estar peor si no recurren a la autocrítica y la reflexión; su pérdida de influencia, su pérdida de privilegios, la estructura que legítimamente creen que les corresponde, lo pueden perder. Les invito a mirar a otro país latinoamericano y socialista: Cuba. Tras la victoria de la revolución dirigida por Fidel Castro no se planteó el convertir la isla en aliada del sistema soviético. Las presiones norteamericanas los orillaron a ese camino.

Para evitar la peor de sus pesadillas les sugiero que, por lo menos en los siguientes tres años escriban libros, den clases, sean empresarios exitosos, y profundicen sus posiciones. Sean críticos, les recomiendo el libro de moda, “Como mueren las democracias” de Steven Levitsky y‎ Daniel Ziblatt, escrito a consecuencia de la pérdida de poder de los partidos liberales en todo el mundo; es un buen lugar para empezar.

Los ganadores y perdedores, en democracia no son permanentes y los cambios se dan por el esfuerzo de unos y la complacencia de otros. Hombres y mujeres indignados, por el bien de todos y de sus propios intereses.

Es hora de guardar silencio.

lunes, 3 de diciembre de 2018

¿México o el aparato de privilegio de unos cuantos?


imagen "un domingo en la alameda" de Diego Rivera
Cuando escucho a los funcionarios públicos que participan en negociaciones internacionales decir que trabajan por México, no lo dudo, lo que cuestiono es: ¿estamos entendiendo lo mismo al referirnos a México?

No pretendo entrar en la discusión sobre las definiciones de Estado-nación[1], pero si señalar que cuando hablamos de “México”, dependiendo del estrato socioeconómico de la población se está haciendo referencia a una concepción particular y que ante la toma de poder por parte de Andres Manuel Lopez Obrador, lo que está en disputa es la concepción que tienen los favorecidos  económicamente.

En México, la victoria electoral de AMLO se debió a su propuesta de anteponer las necesidades de supervivencia de la población excluida, así como el fin del saqueo generado por la corrupción institucional y en general, de una promesa de mejor distribución de los beneficios del Estado.

Una vez reconocido el resultado electoral, la parte de la población que hasta ahora ha cubierto sus necesidades de bienestar, no ha asimilado que lo que se aproxima es el control del aparato jurídico-institucional por intereses contrarios a los suyos. Desafortunadamente, mientras que para los excluidos permanentemente, la identificación de sus intereses con los del nuevo gobierno (respecto al uso del aparato estatal) no son del todo claros, para las elites del sistema (bajo sus diferentes rostros: medios de comunicación, escuelas privadas, empresarios, burocracia dorada, etc.) no hay duda alguna, cualquier medida redistributiva es un ataque directo a su condición y la polarización es la pérdida de control sobre hechos que iban ligados a sus intereses, disfrazados de política nacional. Ellos tienen la gran ventaja de saber plenamente que cuando hablan de “México” hablan de SU fuente de bienestar. Si se bajan los sueldos de los funcionarios públicos, se está afectando a SUS funcionarios públicos, si se cambian los métodos de manejar las licitaciones se está afectando SUS jugosos contratos, si se modifican los perfiles de los funcionarios públicos se afectan a SUS egresados y sus fuentes de trabajo.

Así, antes de entablarse en una discusión eterna entre chairos y fifís, la próxima vez que escuche argumentos que hablan del desastre que espera a “México” en el siguiente sexenio, considere que al “México” al que aluden no es el que refiere a la identidad entre paisanos, ni a las tradiciones culturales, ni mucho menos a un sentido patriótico; ponga atención a lo que escucha y en lugar de “México” escuche “mi aparato de privilegios” y entenderá como desde el punto de vista de sus intereses no hay duda del porqué del fatalismo (piense en los funcionarios públicos que perderán sus seguros particulares, cuando el resto de mexicanos tiene que ir a instituciones de salud públicas). Con esto reevaluará si vale la pena o no hacer caso de las críticas al nuevo gobierno y sobre todo, si está dispuesto o no a permitir que esas críticas cancelen los cambios planteados por el nuevo gobierno en aras de evitar la politización con sus conocidos.




[1] El orden mundial en el siglo XXI está basado en las relaciones entre entidades que reconocemos como Estados, pero esto no ha sido la constante, en otros momentos de la historia las sociedades han creado lazos de pertenencia a través de identidades como la religión, las familias, las clases sociales, los reinos, entre otros. El Estado es solamente la figura que logró aglutinar de forma más eficiente a la sociedad a partir del siglo XVII a medida que se expandía el sistema de producción capitalista. La concepción del Estado-nación logró superar los beneficios que las otras identidades ofrecían a los individuos y obtener su lealtad por medio de estrategias narrativas de amplio consenso, como lo son: una historia fundacional, los símbolos patrios, el idioma, e incluso la religión, dando un sentido de pertenencia a sus miembros. Al funcionar como aglutinador de esfuerzos, el aparato jurídico-institucional del Estado logró dar a una parte de la población seguridad, empleo, y demás medios de supervivencia, es decir un estado de bienestar.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Cambió el régimen, ¿cambió la participación política de la sociedad?


En 2014, en el marco de la agenda del Pacto por México, el sistema político electoral fue objeto de la más reciente reforma electoral. En ella se modificaron aspectos institucionales del sistema electoral (modificaciones al antes llamado Instituto Federal Electoral para darle alcance Nacional y se legisló sobre la posibilidad de generar consultas ciudadanas), del régimen político (creación de gobiernos de coalición y cambios en el período de transición) y del modelo de competencia electoral (se reglamentaron las figuras de candidatos independientes y se avaló la reelección de legisladores). Esta reforma generó grandes expectativas para las elecciones federales en 2015, en el contexto de los mayores escándalos de corrupción en el sexenio de Enrique Peña Nieto, la sociedad ponía a prueba dos mecanismos electorales: la consulta popular y las candidaturas independientes. Ambas representaban la superación de los partidos políticos como obstáculos para la participación ciudadana en el objetivo de perfilar un mejor rumbo para México. La primera quitándole el control absoluto de la agenda legislativa al congreso y la segunda como la posibilidad de la alternancia fuera de los partidos políticos.   

 

Hoy recordamos los resultados de esas iniciativas como falsas esperanzas. la elección dejo ver que el sistema político no estaba abierto a un cambio por las buenas. Fiel a la tradición política mexicana del siglo XX, las reformas estaban diseñadas para que nada cambie. Las reglas de la consulta popular no dieron margen de maniobra a los cambios reales (no puede consultarse sobre: I. La restricción de los derechos humanos reconocidos por la Constitución; II. Los principios consagrados en el artículo 40 de la Constitución; III. La materia electoral; IV. Los ingresos y gastos del Estado; V. La seguridad nacional, y VI. La organización, funcionamiento y disciplina de la Fuerza Armada permanente) de tal forma que ninguna de las 4 propuestas de consulta logró llegar a las boletas electorales. Para el caso de las candidaturas independientes los requisitos terminaron por ser excesivos para los ciudadanos sin carrera política previa, casi en su totalidad fueron ex militantes de los principales partidos políticos con estructuras clientelares quienes terminaron por hacer uso de tal condición.[i]

 

¿Fueron esas las circunstancias que prepararon el camino para la aplanadora electoral de Andres Manuel López Obrador y su partido MORENA? Está claro que en la elección del 1° de julio, la ciudadanía optó por la promesa de un cambio radical, un cambio que sacudiera de fondo las estructuras que permitieron el escándalo de la casa blanca y los desfalcos de diversos gobernadores del PRI. Las luchas desde la sociedad civil como la propuesta 3 de 3 y el Sistema Nacional Anticorrupción fueron muestra del insuficiente alcance del esfuerzo por hacer cambios “desde fuera”.

 

Hoy, a unos días para la toma de posesión del presidente electo, en México se siente un ambiente extraño, por un lado, la incertidumbre de estar parados en un mundo fuera del control de los viejos políticos, con todas las posibilidades que el optimismo ofrece; y, por otro, con los adversarios apabullantemente derrotados actuando como antes de la elección, sin tener claro cómo es que fueron despojados del poder y sin dejar de señalar que los nuevos detentores no son mejores que ellos en cuanto a calidad moral y probidad se refiere. Su apuesta es que más temprano que tarde la decepción ciudadana los pondrá de nueva cuenta en el tablero de juego.

 

¿Hacia dónde se decantará la realidad? Y sobre todo ¿será esta una nueva oportunidad para marcar el tono desde la ciudadanía? Hay razones para aceptar el reto como sociedad civil. A pesar de haber ganado con un amplio margen y absoluta legitimidad, el voto de Lopez Obrador va más allá de él mismo: en gran parte significó un consenso en contra de un desprestigiado PRI. Quizá sólo en los momentos críticos de la historia de México ante el asedio extranjero se había dado tal consenso de ideas y voluntades, todos tienen los ojos en el mismo balón, un cambio en la práctica política, en la búsqueda de un servicio público digno y a favor de la sociedad. Si como dicen los adversarios de MORENA, los nuevos políticos resultan más de lo mismo, no significa que se alterarán los mencionados anhelos públicos. Las demandas cívicas de menor corrupción, honestidad en el servicio público y rendición de cuentas seguirán ahí como bandera para nuevas propuestas de hacer política.

 

Ante la alta polarización del momento los opinadores oficiales se quejan de que las redes sociales son un calvario; todo mundo opina, refuta y argumenta. Los buenos tiempos donde su voz y sus letras eran absolutas quedaron atrás. Las posturas prepotentes y abusivas de servidores públicos son inmediatamente circuladas en las redes sociales, cumpliendo de esta forma el papel que la prensa tuvo mucho tiempo atrás como contrapeso del poder.

 

Quizá es una etapa de transición y, como en todo proceso de transición, hay pasos hacia adelante y pasos hacia atrás, decisiones institucionales carentes de sentido y legitimidad no faltaron en el proceso electoral de 2018 (casos de interpretaciones absurdas a la Constitución como en los casos de Miguel Angel Mancera y Manuel Velasco para acceder al Senado o el caso de la candidatura independiente del todavía gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón). La interrogante ahora es ¿quién o quiénes tomarán la iniciativa?




[i] Como no toda victoria es absoluta, tampoco la derrota. De entre los candidatos sin partido y compitiendo bajo reglas mañosas, dos candidatos dieron la sorpresa: Manuel Cloutier Carrillo, hijo del fallecido Maquío, se coló en el congreso como diputado con una votación superior al 40% del total por su distrito en Sinaloa. El segundo fue un joven de 25 años, Pedro Kumamoto, quien con una estrategia basada en redes sociales y bajo presupuesto ingresó al congreso de Jalisco. La elección de ambos significó la excepción que confirma la regla, pues a pesar de los esfuerzos, los cambios reales requieren de mayorías.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Aun creo que se terminará el aeropuerto de Texcoco



El presidente electo de México, Andres Manuel Lopez Obrador (AMLO) prometió en campaña que cancelaría el Aeropuerto en construcción en Texcoco, una vez electo aseguró que revisaría el proyecto, posteriormente lo puso a consulta y finalmente declaró que el proyecto se cancelará definitivamente al tomar posesión. Aun así, me parece que la opción de continuarlo aún está sobre la mesa.

El conflicto por el aeropuerto no es más que un botón de muestra del tono del enfrentamiento que se observará durante todo el sexenio. En un país en que a la elite económica no parecen conflictuarle los niveles de pobreza que arrastran a más del 50% de la población para referirse al régimen político como una democracia plena, la llegada de un movimiento que promete un cambio sistémico es un atentado a sus intereses y por tanto fuente de conflicto.

Empresarios, políticos, medios de comunicación y demás comparsa prenden los signos de alerta al darse a conocer las medidas sobre su negocio aeroportuario y hacen uso de todos los recursos a su alcance para dibujar el mundo sombrío que le esperaría a los mexicanos si se atenta contra sus intereses. La misma historia de Brasil, Ecuador, Argentina y demás países de la región que en la década pasada otorgaron el mandato popular a la izquierda política. ¿Tendrán México y AMLO el mismo destino?

AMLO tiene dos características que pueden llevar su mandato a un final distinto, un profundo conocimiento histórico de la política y un olfato político que lo obliga a ser pragmático y lo mantuvo vigente por dos sexenios. Cuando los medios elitistas hablan de ignorancia financiera parecen desconocer su paso por la Ciudad de México, e insisten en las mismas tácticas que fracasaron en 2012 y 2018, la amenaza de la huida del capital no es una herramienta efectiva para mover a la opinión pública, pero parecen no entenderlo y los resultados de la consulta son muestra de ello.

La elección de una opción inviable como sería la adaptación del aeropuerto militar en Santa Lucia es muestra de que tan lejos está dispuesto a ir AMLO para logar su misión histórica. "O se alinean o serán arrasados "es el mensaje, todos los medios están sobre la mesa. La elección del reconocido economista Jonathan Heath para subgobernador del Banco de México y la negociación del nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá son muestras de su pragmatismo político, pero al mismo tiempo la baja de salarios para la clase política, en particular para el poder judicial es una señal clara de que su programa de gobierno busca reestructurar la distribución del ingreso de forma permanente.

¿Dará resultado la estrategia? Puede ser que el sector privado de por perdida esta batalla y tan pronto como la siguiente semana, ante la imposibilidad de mantener las bolsas y el tipo de cambio manipulados, cedan a un arreglo. Ignoro cuál es la muestra de colaboración que pide a cambio Lopez Obrador, pero en caso de obtenerla y seguir con el plan del aeropuerto sería muy ingenuo dar por concluida la guerra. La situación del expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva es muestra del rencor del capital.

El cambio histórico en cualquier contexto conlleva la combinación de muchas variables, contando entre ellas la suerte, y seis años son demasiado tiempo como para no sufrir desgastes y poco tiempo como para modificarlo todo, a partir de ahora AMLO deberá elegir cuidadosamente sus batallas, pero, sobre todo, no dar blanco para los que él llama adversarios, que no son sino otra cosa que enemigos de la democracia.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Reseña: “David y Goliat- Desvalidos, inadaptados y el arte de luchar contra gigantes” de Malcom Gladwell


A todos se nos ha dicho alguna vez “si la vida te da limones haz limonada” toma la oportunidad y olvídate del resto. La frase puede tener todo el sentido cuando de sobrevivencia se trata, pero encierra una practicidad simplista. Cuando se expresa a individuos con aspiraciones mayores al “sobrevivir” suena como un consuelo salido de la mediocridad, “no puedes”, “no debes”, “no lo intentes”.

La historia bíblica de la lucha del pastor David contra el guerrero gigante Goliat puede en primera instancia encasillarse en el primer contexto- el de la sobrevivencia- después de todo, se trataba de una guerra entre dos pueblos, encontrándose los israelitas de David ante la posibilidad de caer en la esclavitud ante los filisteos. Pero el análisis de Malcom Gladwell a esta historia deja ver claramente como David nunca contempló esa posibilidad, el pequeño pastor no estaba dispuesto a conformarse con nada que no fuera el destino que Dios tenía preparado para su pueblo. David no era un niño con una honda, era un artillero listo para atacar a larga distancia. Goliat con su espada y su gran tamaño nunca tuvo oportunidad, solamente mostró un mejor blanco para la puntería de su contrincante. El pueblo de Israel mantuvo la libertad y ganó un gran prestigio, no solo la supervivencia.

“David y Goliat” es un libro de superación personal único en su estilo, no es para cualquiera, no ofrece una guía para “hacer limonada”. En nuestras particulares circunstancias, en las manos adecuadas equivale a entregarle “El Príncipe” de Maquiavelo a Lorenzo II de Médici, equivale a brindar la inspiración necesaria para ganar al equipo de béisbol que va abajo en la novena entrada. Malcom Gladwell nos enfrenta a un cambio de perspectiva a través de la narración de una serie de historias: ¿Porque un grupo pequeño es una ventaja en términos de aprendizaje escolar? ¿Es siempre el dinero una ventaja? ¿Cómo es que un alto porcentaje de empresarios exitosos son disléxicos? En todas ellas se nos pregunta ¿estás seguro de cuáles son tus ventajas y desventajas? Desde las luchas en el campo profesional, como el entender y curar una enfermedad, hasta los movimientos de liberación nacional, el autor nos obliga a ver el terreno de juego de otro modo, las reglas están ahí para aquellos en determinadas circunstancias, nada más que la aceptación de nuestra parte de las reglas, se interpone en nuestro objetivo. El atreverse a verlo es en verdad el reto.

En las páginas de “David y Goliat”, se habla de la movilización por los derechos civiles en Estados Unidos, pero podría hablar de la lucha contra el Apartheid en Sudáfrica; habla de la lucha de Lawrence y el pueblo Beduino contra las tropas turcas, pero bien podría hablar de la historia de William Wallace y los escoceses contra la dominación inglesa; nos habla de la resistencia de los católicos en Irlanda del Norte, pero podríamos identificarlo con la resistencia de Vietnam contra Estados Unidos. En todas ellas los gigantes tarde o temprano fueron derrocados.

Gladwell argumenta con datos científicos, históricos y deportivos, pero en el fondo nos habla de una sola cosa, de “política”; del mundo tal como está planteado y como debemos plantearlo si queremos cambiarlo como lo han hecho otros. Tiene sentido, después de todo, la gente que no piensa en política no tiene sueños y “David y Goliat” es un libro para soñadores.

jueves, 30 de agosto de 2018

La defensa de la burocracia dorada en el gobierno federal, prioridades perversas


El salario mínimo en México es de 88.36 pesos diarios, a pesar de que cada sexenio se cambia la estrategia y a pesar de que la mitad de los trabajadores ganan hasta 3 veces ese salario mínimo, los ingresos de los trabajadores son insuficientes para superar los niveles de pobreza que se mantienen por encima del 50% de la población. Sin embargo, los analistas económicos y políticos han puesto el grito en el cielo por la propuesta del recién electo presidente, Andres Manuel Lopez Obrador de disminuir los salarios de la parte más alta de la burocracia, exactamente aquellos que ganan más de un millón de pesos al año (burócratas que viven en un país en el que solo el 1.7% de la población gana arriba de 20 mil pesos mensuales y donde ellos obtienen remuneraciones mínimas de $89,000 al mes). El argumento del sobresalto de los analistas es la tesis de que con un menor salario los mejores y más capaces burócratas preferirán irse al sector privado causando una gran pérdida de talento y capacidad en el aparato gubernamental, sobre todo en organismos especializados, llámense Comisión Federal de Competencia Económica, Servicio de Administración Tributaria, Comisión Nacional Bancaria y de Valores, entre otros.

Resulta interesante este reciente interés por el tema, debido a que, la agenda mediática nunca se ha enfocado en dar seguimiento a las trayectorias de los funcionarios, simplemente se da por sentado que al referir al alma mater y los estudios en el extranjero se puede confiar de la competencia; saltar de un puesto a otro en poco tiempo nunca ha sido motivo de una nota inquisitiva en los diarios de circulación nacional, ni mucho menos posibles casos de conflictos de interés como los de los extitulares de los organismos supervisores financieros que no pierden el tiempo en dar el salto a la industria, aun cuando la ley establece un periodo mínimo fuera del sector. Por otro lado, las cascadas de cambio dentro de las diferentes entidades gubernamentales tampoco han despertado el interés periodístico, la constante degradación del Servicio Profesional de Carrera (SPC) y el abuso de la Ley del Servicio Profesional de Carrera con mecanismos como el artículo 34 para nombramientos sin concurso, no han ocupado los titulares de ningún periódico ni en este, ni en otros sexenios.

¿A qué se puede atribuir entonces está coordinada sinfonía de voces críticas o como llaman “nado sincronizado de la prensa”?  Tomando en cuenta el ritmo de los diferentes temas en la agenda durante la elección, primero a favor de un voto de miedo y segundo con el regateo para un voto dividido, no se puede dejar de lado un motivo malintencionado para empujar el tema, pudiendo ser éste que pugnar por un salario “justo” para los funcionarios públicos (hablando de aquellos que están sujetos al recorte) es pugnar por mantenerlos en la estructura burocrática del estado, es decir generar resistencia a los cambios políticos de forma fáctica. Con lo anterior se buscaría que ocurra el fenómeno del gatopardismo, que cambie el titular, pero no la estructura para hacer los cambios de fondo. El mismo móvil sustenta la crítica en el caso del plan de modificar a los distintos delegados federales en los estados, lo mismo con el traslado de las secretarías a los estados e igual que con la concentración de las compras públicas en la SHCP, todo para poner mayores trabas a un proyecto que aún está en borrador.

Si de verdad existe un profundo interés por la eficiencia de la Administración Pública, tanto los medios de comunicación como los organismos de la sociedad civil deben enfocar sus agendas en el perfeccionamiento del SPC, como he argumentado anteriormente, esta es una herramienta de suma utilidad para el reclutamiento y selección de funcionarios federales, ahí está la clave para obtener recursos humanos de gran capacidad, no en defender a la burocracia dorada del último sexenio.

 

miércoles, 11 de julio de 2018

reseña:"El precio de la desigualdad" de Joseph Stiglitz- como entender el mundo

Todos los niños en algún momento desean entender la economía ¿Por qué existen los pobres? Preguntan, y ante las evidencias de la realidad, ninguna respuesta les llega a ser satisfactoria.

¿Qué sucede con el adulto que ante las lacerantes condiciones de unos y las cómodas condiciones de otros termina por racionalizar esta situación como “lo normal”? Ocurre una avalancha de mensajes con supuestos increíbles que terminan por diplomarnos a todos como E C O N O M I S T A S. Todos nos volvemos expertos, todos sabemos de las leyes de oferta y demanda, pasamos de entender el manejo de bienes escasos a la lucha contra el peor de todos los males en la economía, la Inflación. Por eso el mensaje del expresidente de los Estados Unidos, George W. Bush tras los ataques del 11 de septiembre fue tan fácilmente digerido: “Consuman”. Y no pasa un día sin que los medios de comunicación alimenten tales “principios” la disonancia del día a día no es más que los fracasados en el sistema, como bien sabemos cómo economistas, se les llaman “externalidades”.

De pronto, un día, tan disciplinados como somos nos vemos que, a pesar de todo nuestro empeño, todo nuestro sacrificio y trabajo duro, también somos parte de las externalidades. Ahí es cuando se genera una revolución en nuestro interior, ¿todo lo que había creído puede ser incorrecto? ¿Es acaso que los pobres no son pobres porque quieren? Ahora se ve en las calles, ahora se entiende al vecino y se detesta al comentarista del televisor; es cierto, somos el 99% contra el 1%, la fórmula del éxito basada en el mercado no funcionó más que para ellos.

Ahora lo sabemos, y debemos, como Neo en la película Matrix, tomar la píldora que nos ayude a entender la realidad. Esa pastilla es el libro de Joseph E. Stiglitz, “el precio de la desigualdad” Duro nos dice el autor: los ricos son ricos porque viven cual parásitos de las ventajas del trabajo de los demás, de haber generado las condiciones para no enfrentar la competencia, para obtener beneficios públicos y como una bola de nieve, recrean el circulo por medio de la compra de voluntades políticas obtienen mayores beneficios públicos, menor competencia y menor regulación.

¿Y que hacemos ahora con nuestro “diplomado” en economía?, el coco sigue siendo la inflación. El libro destruye otro de los límites de nuestro pensamiento, ¿si tuvieras que escoger entre un trabajo que te genere ingresos a cambio de un aumento en los precios y no tener empleo pero cero inflación? Yo sé cuál tomaría y tú lo sabes, el enemigo se vuelve insignificante.

Con estos dos mitos destruidos el libro “el precio de la desigualdad” nos pinta por medio de estadísticas duras la realidad estadounidense, el supuesto ejemplo de una economía de mercado, nos narra cómo se generaron las condiciones de asimetría social y nos marca el blanco al que hay que apuntar para modificar la tendencia. En ese punto estamos más allá de las ideas, las compartimos, ahora sigue la alteración del entramado institucional, el cómo.

Stiglitz señala, si sabemos que la inflación no es lo más importante, debemos nombrar a individuos en el Banco Central que lo entiendan, rompiendo la captura cognitiva de los reguladores, jugando a favor de los intereses del regulado, lo mismo para nuestros supervisores bancarios, para supervisores bursátiles, de seguros y encargados de la competencia.

“El precio de la desigualdad” es un libro de divulgación, no es una obra dirigida a un público especializado, pero cuenta con toda la solidez y el prestigio que Stiglitz, premio nobel de economía, ha acumulado en su paso por las instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, y ahora está de tu lado.

domingo, 1 de julio de 2018

La elección 2018 como tamiz del patriotismo


Hoy es el esperado primer domingo de julio, cuando se realizarán las elecciones más grandes de la historia de México. Aunque en democracia la incertidumbre electoral resulta saludable al ser un indicador de un sistema competitivo, en México no es la incertidumbre de una competencia sana lo que se siente en el ambiente, es la omnipresente sombra del fraude electoral.

Desde finales de 2017, cuando quedaron definidos los candidatos de los partidos políticos, hasta ahora, las encuestas electorales han coincidido en una creciente ventaja para del candidato Andrés Manuel López Obrador. Las encuestas no son la elección, pero sin duda para el electorado cumplen la función de cerrar la brecha de incertidumbre de la campaña, pues al existir encuestas de todos colores y sabores, para el votante que tiene clara su elección, podrá tomarlas como una referencia para reafirmar su preferencia. La duda se genera por el lado de la legitimidad de la contienda, tanto por mediciones de opinión pública, como por los resultados de metodologías para medir la calidad de nuestra democracia, ambas pueden afirmar que nuestra institucionalidad democrática no es confiable.

Lejos quedó aquel 1997 donde por primera vez el partido gobernante no tenia la mayoría absoluta en el congreso y la autoridad electoral, el Instituto Federal Electoral era señalado como una de las instituciones más confiables por los ciudadanos. Si la experiencia electoral de 2006 dejó un precedente altamente dañino, los años del “nuevo PRI” como gobierno nos dejan un saldo aún menos positivo. No se espera que otro candidato pueda ganarle la elección presidencial a López Obrador, se teme que la estructura corrupta del poder (o como eufemísticamente a los medios les gusta referirse, la “maquinaria electoral” del PRI) altere la voluntad popular.

Es ante esta incertidumbre que escribo para dejar constancia de mi experiencia social durante esta elección:

Me llama la atención el grado de desprecio y discriminación generalizado que he podido observar entre las personas de mi ambiente más cercano (como burócrata, privilegiado al estar por encima del 50% menos afortunado de los mexicanos por nivel de ingresos y sin deudas con nada ni con nadie).A medida que se reflejaba una mayor ventaja en los ejercicios demoscópicos a favor del candidato de MORENA, más agresivos se volvían los comentarios, a tal punto que se llega a expresar una aprobación tácita a un renovado “haiga sido como haiga sido” con tal de derrotar a AMLO.

No encuentro una justificación suficiente a tal racionalización, el argumento de “estaremos como Venezuela” no es suficiente, los indicadores macroeconómicos de Peña Nieto a unos meses de concluir su sexenio no son precisamente saludables, por lo que no es un argumento racional, sino más bien emocional, ¿hay algún indicador en particular que les preocupe?, ¿el tipo de cambio?, ¿la inflación? o ¿el crecimiento? De verdad, es muy desagradable escuchar denostaciones al candidato, dice más de los que me rodean que de el candidato mismo, dice más de sus intereses personales que de López Obrador. Siempre he sostenido que no creo que exista mejor eslogan que “por el bien de todos, primero los pobres”, sin embargo, la idea ha sido dejada en segundo plano en términos mercadológicos por el candidato de MORENA, pero parece que para sus detractores de todos los niveles económicos la consigna que debe tener un candidato que los represente es “primero robo yo, después mis amigos y al final te garantizo que algo te toca”.

Por lo anterior, manifesté mi extrañamiento hace unas semanas ante el señalamiento de agresiones a una periodista por partidarios de López Obrador por supuestas diferencias en la forma de vestir; a pesar de lo que yo quisiera, la población menos favorecida con la riqueza nacional no identifica su condición de necesidad como consecuencia de una deliberada ventaja de su contraparte de mayores ingresos, es decir, su condición de clase. La única explicación racional que encuentro, por tanto, a este ambiente de discriminación es que esas personas preocupadas por un futuro gobierno de AMLO son conscientes tanto de su condición, como de que el candidato lo sabe y lo diga o no, su gobierno es para los menos favorecidos.

Amigos, vecinos y familiares me han decepcionado, no están a la altura de lo que México necesita, ni de un sistema democrático, no hay nada malo en defender los intereses individuales, pero si hacerlo a costa de la legalidad y ustedes han dado entrada con sus actitudes a la posibilidad de un fraude electoral. Lo han hecho del mismo modo que los conservadores se opusieron de manera violenta, a través de un magnicidio en 1911 a un burgués con aspiraciones de un México mejor que trajo como consecuencia el despertar del México Insurgente. Déjenme decirles una cosa, ustedes no estarían mejor si las cosas hubieran seguido como eran, ustedes en su mayoría son afortunados como producto de esa revolución. A pesar de ustedes, creo que AMLO ganará, y por lo que creo que ha llegado a tener tan altas preferencias no es por su actitud conciliadora, sino por la perspectiva de los nuevos votantes, jóvenes que eran niños en 2006 y no tienen temor al cambio.

Finalmente quisiera dejar un exhorto:

Sí se respeta la elección, la lucha continúa; como ha quedado de manifiesto en otros procesos de reivindicación social en América Latina, ganar la presidencia no significa conquistar el poder. Lula en Brasil, Correa en Ecuador y Lugo en Paraguay son muestras de como los dueños de todo no están dispuestos a ceder ni un milímetro a los menos afortunados. Para un México más justo será necesaria una lucha diaria, contra los medios de comunicación, contra los monopolios, contra los conglomerados financieros y ahí espero verlos del lado correcto de la historia, ¿cómo?, no difundiendo información falsa, presionando a los intereses particulares, apoyando las decisiones que benefician a las mayorías, favoreciendo la transparencia y la rendición de cuentas. Nuevamente, recuerden, por el bien de todos, primero los pobres.


lunes, 16 de abril de 2018

"Desconfío de lo que llaman sociedad civil” Lo dijo AMLO, yo lo suscribo.

En la reciente entrevista del candidato presidencial Andres Manuel Lopez Obrador con periodistas de grupo Milenio se cuestionó al candidato sobre su postura respecto de la participación de la sociedad civil en la política, a lo que la polémica respuesta de que desconfiaba de “eso que llaman sociedad civil o iniciativas independientes” sirvió de munición para la cargada mediática en los días siguientes. Si bien las organizaciones de la sociedad civil tienden a llenar los espacios poco cubiertos por el gobierno o generar importantes iniciativas, pretender que se tomen como buenas por si mismas dichas propuestas puede no ser lo más inteligente. Aquí algunos argumentos.

Al igual que en la novela 1984 de George Orwell en donde a la institución encargada de hacer la guerra se le nombra “Ministerio de la Paz”; los términos “instituciones”, “medios de comunicación” y “sociedad civil” se han querido difundir como neutrales a intereses particulares y al servicio del bien común. Hoy la terca realidad mexicana deja claro que tienen dueños con nombre y apellido, quienes a su vez están tan íntimamente ligados que refuerzan los supuestos significados neutros para mantener el dominio sobre sus respectivas áreas de influencia.

El ejemplo más claro de la manipulación de los términos fue el impacto que se generó en la campaña electoral de 2006 de AMLO cuando al mandar al diablo “sus instituciones”. Los medios de comunicación repitieron cuantas veces fue necesario sus palabras con una perspectiva de indignación que transformaba las palabras del candidato en “al diablo las instituciones democracias y justas del estado mexicano”.

Dichas instituciones mexicanas son mayormente entendidas de acuerdo a la definición del Contrato Social de Jean Jacques Rousseau, donde los hombres libres concurren y se someten a una autoridad que administra justicia, agregándole la narrativa de la identidad mexicana dada por el mestizaje y la independencia mexicana para tener el estado-nación mexicano. Se olvida que existen interpretaciones distintas como la concepción marxista del Estado, en la cual el aparato Estatal no es más que el instrumento en el cual se materializan los intereses de la clase dominante.

Lo mismo se puede decir de los medios de comunicación, el termino neutral se refiere a los recursos, instrumentos o técnicas para informar y hacer llegar información de una parte a otra. El matiz viene con las preguntas ¿Qué información? ¿de quién a quién? En las cuales la ausencia de igualdad de condiciones para comunicar entre cualquier parte pone en desventaja a algunos. Es por eso que el acenso del internet y las redes sociales han tenido tanto impacto en la comunicación, han creado un espacio de inclusión y hoy son el campo de batalla de las campañas políticas. La frustración de la pérdida del monopolio comunicacional se ve reflejado en las desatinadas declaraciones el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa al señalar que la muerte de periodistas “son en gran parte por culpa de la libertad de prensa”, es decir a la posibilidad de comunicar fuera de los medios dominantes que informaban de acuerdo a lo que les convenía.

Finalmente señalaría que el término “Sociedad Civil” al que mañosamente se refieren los entrevistadores de AMLO es aquella que ocupa el espacio sobrante en la formación ideológica de los ciudadanos dejado por el Estado y los medios de comunicación. En stricto sensu, todo ciudadano fuera de las actividades gubernamentales se encuentra en el espacio de la sociedad civil, sin embargo, normalmente es utilizada en referencia a aquellos grupos de ciudadanos organizados que buscan intervenir en la toma de decisiones políticas; bien se puede hablar de un grupo de vecinos, protectores del medio ambiente, defensores del consumidor, etc., respaldados por la legitimidad social de su causa (grupos como los protectores de una visión única de las familias son ejemplo de una causa sin tanto respaldado y por lo tanto poca legitimidad). ¿Cuáles serán los más influyentes y más reconocidos? Sin duda los mejor organizados, y para una mejor organización se requieren recursos; es entonces donde llegamos a la pregunta del millón ¿Quién financia a estos ciudadanos organizados reconocidos que buscan influir en las políticas públicas? Si resulta que, en algún porcentaje, directa o indirectamente se encuentran financiados por los detentores del control de las “instituciones” y los “medios de comunicación”, entonces estamos hablando de otro animal de la misma familia y del cual se podría esperar que las decisiones que buscan influir reditúen en alguna manera a sus patrocinadores.

En el caso de estos grupos respaldados financieramente y los grupos de vecinos hay un abismo de diferencia, mientras los segundos pueden tener necesidades específicas (la pavimentación de una calle, la instalación de infraestructura) en el primer caso la agenda puede ser amplia y diversa (seguridad, corrupción, ecología, etc.) y sin duda sus opiniones y propuestas tendrán gran valor, pero de ahí a asegurar que dichas propuestas son “La solución” hay mucho que cuestionar.

Las encuestas lo demuestran, los representantes políticos tienen un muy bien ganado desprestigio, pero apoyar incondicionalmente la agenda de las Asociaciones Civiles dominantes puede significar apoyar por otros medios los mismos intereses que nos tienen ante una grave crisis social en primer lugar.

viernes, 13 de abril de 2018

¿Revisión a los contratos del Aeropuerto? Llamémosle sin miedo “auditoría” y no hacerlo es ridículo.

En 2006 como parte de la campaña presidencial en Ecuador, el reconocido exsecretario de finanzas, Rafael Correa propuso llevar a cabo una revisión a la deuda pública ecuatoriana, en los meses siguientes el índice EMBI+ de JP Morgan registró una tendencia al alza a medida que la posibilidad de la elección de Correa triunfara. El solo hecho de hablar de una revisión a las condiciones en las que se endeudó al Estado generaba nerviosismo a los dueños del capital.

El llevar a cabo una auditoría es un paso intrínseco dentro del proceso administrativo. En términos epistemológicos, la auditoría es “un método que busca acercar una materia sujeto a un criterio, en función de un objetivo superior de control. Su carácter científico depende de las metodologías que utilice para ello. En cuanto el poder es distinto (político, económico, cultural social, etc.) aparecen distintos objetivos de control, para los cuales se requiere un distinto tipo de auditoría” (Auditoría de información financiera, Samuel Mantilla).

¿Cómo entonces hablar de la imposibilidad de revisar cualquier contrato?  ¿Qué no acaso para eso se establecen diversos términos en los contratos? ¿Qué no existe un sistema jurídico que da claridad a los compromisos de las partes? ¿Qué no en México existe un poder Judicial encargado de impartir justicia, así como tratados internacionales que garantizan el respeto a la propiedad privada?

Toda persona física o moral que lleva a cabo una actividad productiva de una u otra forma es sujeta al control como parte del proceso administrativo. ¿Por qué no habrían de estar sujetos a su vez los compromisos adquiridos en las licitaciones para construir el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAICM)?

Garantizar la legalidad de los contratos es también hacer cumplir el estado de derecho en el sistema político mexicano. La administración pública por si misma tiene instancias encargadas de cumplir con la función de control, contamos tanto con la Secretaría de la Función Pública como con la Auditoría Superior de la Federación, esta última señalando diversas irregularidades que deberán resolverse.

Los procesos de auditoría estuvieron por mucho tiempo fuera del alcance de los ciudadanos, hoy las buenas prácticas internacionales señalan que no solo se debe buscar que tengamos acceso a la información pública, sino que podamos dar seguimiento a la forma en que los recursos son utilizados.

Cualquier persona que contrata un seguro firma un contrato, ¿acaso si una persona vende el coche el comprador no tiene derecho a acceder a dicho contrato? ¿O en el momento de su renovación el negociar cualquier punto es causa de conflicto con la aseguradora?

Si las empresas contratistas temen a la revisión de contratos debe hacernos ruido, el siguiente gobierno no debe tener ningún obstáculo y la discusión pública de la legalidad de los contratos no es mas que muestra de un sistema político democrático. Las decisiones posteriores al análisis está claro que dependerán de la perspectiva del gobernante, en el caso ecuatoriano tras la auditoría se llevó una renegociación con un descuento del 80% de su valor, un ahorro de 7.000 millones de dólares, con el costo de mantenerse fuera de los mercados financieros por 6 años. Esperemos primero a llegar a ese momento con la información completa y entonces abramos la discusión.

 Mientras tanto, en tema del NAICM no debe haber lugar a dudas, la auditoría es un proceso saludable y lógico que no debe verse como un tema político sino como un tema de derechos ciudadanos.