sábado, 1 de junio de 2019

El dilema de trasformar con cartuchos quemados en la 4T




En las semanas siguientes a la elección presidencial, se generó en México un ambiente de consenso como nunca, el cambio era necesario. A casi un año de la elección y a seis meses del inicio de la nueva administración federal, ya no estamos tan de acuerdo. Todos querían ver un cambio, no todos están dispuestos a soportarlo.

El ritmo de trabajo de la presidencia de AMLO hoy va marcado por la resistencia de sus propios aliados. Mucho se ha debatido sobre el sentido que está tomando la administración pública federal con los nuevos titulares, se señala la existencia de dos grupos en el gabinete: los duros, aquellos leales que desde hace 12 años apoyan los planes más radicales de la 4T; y los moderados, aquellos que llegaron a medida que las circunstancias se fueron acomodando, Alfonso Romo y Olga Sánchez Codero son ejemplo de los últimos y Rocio Nahle e Irma Eréndira Sandoval lo son de los primeros.

Mientras que los radicales tienen el apoyo popular, los moderados cuentan con la “realidad” de la globalización (y adicionalmente el apoyo de los defensores del status quo). Es verdad, como señalan los moderados, que los recortes son contraproducentes en algunos sentidos, que los inversionistas importan y que no ha bajado la violencia, pero por el otro lado también es verdad que AMLO tiene bien definido el México al que aspiran los 30 millones de votantes que lo eligieron, tan mal estábamos que hoy el presidente tiene manga ancha para decidir cómo se transformará el país.

Hasta la salida de Germán Martínez del IMSS, los críticos de la prensa al férreo manejo de la Administración Pública por parte de AMLO no habían tenido resonancia en la conducta de los moderados. German lo dijo al renunciar, tenía poco margen de maniobra. El hecho es que AMLO no va a cambiar, cuando fue Jefe de Gobierno de la CDMX tuvo éxito bajo el mismo estilo personalista, al fundar MORENA nuevamente estableció una estructura horizontal que solo reaccionaba a sus instrucciones, así llegó a la presidencia, ¿por qué habría de cambiar de estrategia ahora? El problema para él es que todos los que, como German, están en desacuerdo con las restricciones presupuestales, hoy son un obstáculo, pues no están comprometidos a fondo con llevar los procesos y la burocracia a un trabajo extraordinario, haciendo más con menos y sobre todo, con nuevas dinámicas. En las instituciones de la Administración Pública Federal que encabezan los moderados, el trabajo se está llevando por medio de cartuchos quemados, en lugar de arriesgar a modificar las estructuras, se está priorizado el mantener a los viejos burócratas y reproducir los procesos tal cual eran, trabajando al viejo estilo colonial “obedézcase, pero no se cumpla” y ofrecer en lugar de cambio, simulación.

No hay futuro sin instituciones y las instituciones de un nuevo México deben surgir de gente nueva, éste es el lado flaco del cambio de López obrador, ¿Qué pasará al finalizar el sexenio con todas las personas cuya supervivencia hoy se ve favorecida por la asistencia social? Si no se empodera a nuevos liderazgos al terminar la administración, volverá la dinámica de los viejos grupos de poder.

Los historiadores son claros respecto de las 3 transformaciones que anteceden la liderada por AMLO, a pesar de la violencia, tan solo fueron cambios de élites, no necesariamente de intereses. Probablemente es eso lo que ocurrirá en ésta. Puede que sea suficiente la redistribución de recursos para mantener la viabilidad política del país sin que estallemos nuevamente en un proceso violento, no así para que tengamos un México para todos los mexicanos.

Este contexto lo conocen bien los nuevos burócratas empoderados, lo saben los pupilos de Gerardo Esquivel insertados en las dependencias egresados de las universidades privadas y reunidos en el grupo “Democracia Deliberada”, son ellos los nuevos criollos que busca beneficiarse de las mismas condiciones con ideas distintas. Por eso, son ellos los moderados.

Hoy por hoy, la apuesta más fuerte para el cambio es la iniciativa “Jóvenes Construyendo el Futuro”. Más allá de la formación laboral, el éxito de la 4T depende del empoderamiento político a estos nuevos actores y su inserción en la toma de decisiones de la nueva administración.

Un sexenio es muy poco tiempo para una trasformación profunda, El éxito no está garantizado, sin embargo, ya fueron probadas todas las alternativas, es el momento de apostar por hacer el cambio con todas sus consecuencias.

domingo, 24 de febrero de 2019

Leer para creer


El Diccionario Oxford eligió “Fake news” (noticias falsas) como la palabra del año en 2017, el año anterior se había elegido “Post-truth” (post-verdad). Ambas palabras se relacionan con una nueva dinámica informativa basada en la diversificación mediática y en las redes sociales que tiende más bien hacia una connotación negativa, dado que el surgimiento explosivo de un sinfín de voces diluye el consenso sobre lo cierto o falso.  Es decir, la pluralidad trajo consigo incertidumbre.

El dilema del mundo moderno está en la configuración que los individuos están dando a su realidad, donde la interpretación de los hechos se está llevando a cabo de forma distinta, un mayor número de fuentes de información y un mayor número de interpretaciones, generando nuevas identidades y afectando antiguos consensos que rompen con el estatus quo.

Esta nueva realidad tiene muchos detractores, se enfocan de manera pesimista en las alteraciones malintencionadas de los hechos que buscan fines políticos o propagandísticos. Es entonces que cabe preguntarse ¿el problema es que existen muchas voces que informan los hechos de forma distinta o que simplemente no difunden la versión de los medios tradicionales? La información objetiva queda de cualquier forma fuera de la ecuación.

En el mundo ideal los individuos deberían aprender a discernir y depurar la información que reciben mejorando sus criterios hacia el exterior, llevando a la convergencia de visiones de acuerdo a un análisis objetivo de los hechos, pero la cotidianeidad sugiere que en la evolución de la comunicación de masas basado en la difusión de mensajes a través de redes de personales ha traído de vuelta la “aguja hipodérmica” de los años 30. La diferencia entre ayer y hoy es que nuevos actores han roto la hegemonía informativa, insertando mensajes diferentes y opuestos. 

Por un lado, la industria de la comunicación desde siempre ha jugado con el concepto de información, no de acuerdo a los criterios del auditorio, sino de los patrocinadores que hacen del receptor un consumidor. Por el otro, los individuos no tienden a diversificar sus fuentes informativas, se concentran en aquellas fuentes que son afines a su ideología.

A su vez, las nuevas tecnologías ofrecen a la ciudadanía oportunidades de intervenir en los asuntos públicos, adicionalmente a la difusión de ideas entre redes sociales, mediante activismo digital por ejemplo en manifestaciones virtuales (change.org), y otros procesos en vías de desarrollo (uso del blogchain para la participación política y la rendición de cuentas). La calidad informativa termina por tener un impacto nunca visto en la democracia.

En este escenario, posiblemente la prensa escrita sea el medio de comunicación más eficiente para informarse de manera analítica porque: 1. Desde los titulares se puede discernir la agenda del medio, 2. Permite identificar los temas e ir directamente a ellos, y 3. Se puede determinar los intereses detrás del medio de comunicación (en términos de prensa con amplia reputación se conoce como mínimo a los dueños). El simple acto de comparar las portadas de diversos periódicos permite inferir el sentido de la información, si esto no es suficiente, las caricaturas que acompañan las publicaciones son otra expresión de lo mismo y, como punto de apoyo, cuentan con los editorialistas y columnistas que se encargarán de generar la narrativa que lleve a la conclusión previamente asumida por el medio. De la combinación de perspectivas es de donde surge la realidad que se apega a nuestra forma de pensar. Nuevamente: la información objetiva queda fuera de la ecuación.

Así, por ejemplo, cuando los medios locales reproducen noticias, opiniones y perspectivas de medios extranjeros, lo que tratan de hacer es legitimar sus posiciones, a pesar de buscar distintos objetivos. ¿Qué interés tendrá un periódico nacional como “El Universal” en publicar que el diario financiero más importante de Estados Unidos, The Wall Street Journal (WSJ) publica un artículo sobre los comentarios de las calificadoras de riesgo sobre México en la administración de Andres Manuel Lopez Obrador? Las calificadoras emiten opinión sobre lo que a sus clientes afecta, los inversionistas; el WSJ lo publica dado que es de interés de su mercado (sector empresarial) ¿es acaso del interés del auditorio de “el Universal” la perspectiva de los inversionistas y empresarios? No, es de su interés que su auditorio se convenza de que los argumentos de los inversionistas y empresarios son relevantes para ellos porque lo dice un medio con alta reputación y así formar una opinión publica favorable para lo que a “el Universal” conviene, afectar las perspectivas de un gobierno que no se encuentra alineado a sus intereses.

Este breve análisis puede ser aplicado a cualquier nota periodística, columna de opinión y reportaje. Tanto las ideas del individuo modifican a los medios y su agenda como los medios al individuo. Es importante tenerlo en cuenta porque sin duda, el sexenio que inicia será una guerra de posiciones mediáticas.

martes, 12 de febrero de 2019

Despedida a Aristóteles Núñez en Twitter


El sábado pasado, Aristóteles Núñez, exjefe del SAT, se despidió con un texto de la red social Twitter, en el que reflexiona sobre el presente de México con el nuevo gobierno, acá una respuesta a su desalentadora perspectiva:

Estimado Aristóteles,

Tu labor como funcionario público durante la administración pasada es de reconocerse, eres un gran profesional. Es una pena que dejes las redes sociales, pues tus comentarios, aunque no los comparta, los considero bien intencionados y fundamentados en tu formación y experiencia. Sin duda las redes sociales parecen hoy un tribunal sumario de las ideas distintas, pero creo que durante muchos años los medios de comunicación tradicionales fueron lo mismo, solo que, concentrado en unos cuantos, los mismos que hoy prefieren abandonar el espacio y seguir en su cada vez más limitado púlpito. Me parece que, a pesar de lo duro de los comentarios, es un costo que como líder de opinión vale la pena asumir.

Respecto a tu reflexión te comparto mi punto de vista y dos dudas. Tu perspectiva de la democracia mexicana ahora que ha sido electo AMLO es que es un sistema basado en las emociones y donde una sociedad ignorante se dejó llevar por la respuesta fácil. Una reflexión un poco tardía me parece; dado que comparto ese punto de vista te pregunto, en esas circunstancias democráticas ¿cómo crees que tu llegaste a dónde llegaste? ¿Qué diferencia hay entre los procesos democráticos de 2000 (tomando como punto de partida el significado de la alternancia) 2006, 2012 y 2016? Las salidas fáciles de aquellos años te pusieron a ti al frente de una gran y honorable tarea.

Como bien mencionas AMLO es consecuencia, no causa. Tras cuatro procesos electorales en que la sociedad eligió salidas falsas en todo caso. Tras tres elecciones, la opción de izquierda que AMLO representa sería resultado de tres procesos de reflexión, por eso no creo que sea una elección emocional.

Disiento contigo de tu punto de vista donde la sociedad es envidiosa, no colaborativa y que se esfuerza poco. Soy funcionario público, ajeno a la política y a las relaciones sociales de la burocracia, debo decir que mi entrada a la APF fue más un golpe de suerte que un éxito profesional. Tengo la fortuna de ser una persona preparada y con ambición, pero sin un golpe de suerte el SPC nunca me hubiera permitido entrar a una gran institución como es la CNBV. En 8 años de desempeño no he logrado superar las barreras no escritas de un sistema amañado que siempre se decanta por los previamente seleccionados, que por lo demás, es una pérdida de tiempo al resto de los participantes.

De mi propia experiencia soy pesimista del estado de la sociedad mexicana, comparto contigo que existe alta aversión al riesgo de emprender y arriesgar en cualquier ámbito, pero ¿cómo esperar que sea de otra manera si a pesar de exhaustivos intentos la puerta siempre ha permanecido cerrada? Quizá por eso que desde se agotó la euforia del cambio revolucionario en los años 50 hasta la fecha, la sociedad se ha ido pervirtiendo hasta considerar razonable la superación mediante la tranza y la corrupción, el deseo de “chingar” de cualquier forma hace que el mexicano se sienta orgulloso, incluso perdiendo más por lo menos. De ahí que el éxito económico signifique todo, sin reproches sobre el origen de la riqueza. Por su puesto no apruebo ni justifico esta perspectiva, me duele.

Debes entender que tu caso de éxito es la excepción, no la regla. Desconozco como fue tu camino hacia el éxito profesional, pero te digo, la insistencia de AMLO en tres elecciones para llegar a la presidencia representa la destrucción de las barreras del sistema de unos cuantos.

Para concluir ¿qué papel crees que debemos de jugar, quienes, sin estar en la toma de decisiones políticas, formamos parte de la minoría capaz de destinar su tiempo a más cosas que la sobrevivencia? ¿qué papel debiste tomar tú en los años que fuiste titular del SAT, además de sacar adelante tus responsabilidades como funcionario público?

Quizá para esas preguntas, permanecer en las redes sociales, sea parte de la respuesta.

lunes, 11 de febrero de 2019

Partidos Políticos de México, ¿sobrevivirán en el mediano plazo?


El resultado electoral de 2018 estaba a la vista de quienes quisieran verlo desde por lo menos 2 años antes; por un lado, un gobierno impresentable y trasgresor del mínimo respeto que la sociedad mexicana se merecía, por otro, un candidato que repetía la lucha histórica por el poder basado en la promesa de cambio en beneficio de los de abajo de Salvador Allende en Chile y Lula da Silva en Brasil.

Hoy el efecto Andrés Manuel López Obrador (AMLO) acapara todo el espectro, el poder político absoluto en el que hoy por hoy no existe una oposición política real. Si bien para la elección de 2018 había oficialmente 9 partidos políticos nacionales, la sacudida del 2 de julio hizo que el partido Nueva Alianza perdiera el registro, que Encuentro Social (PES) se encuentre en veremos y que los partidos más grandes: Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN), tuvieran una votación tan baja que además de los costos de perder el poder, en los próximos años sufrirán una enorme disminución en los recursos públicos que recibirán. La nueva configuración política nos obliga a pensar en su futuro, por lo menos para las próximas dos elecciones: 2021 y 2024.

Teóricamente, los partidos políticos en México son la vía de acceso de los ciudadanos al poder. Pero que ese sea el objetivo, no significa ni que logren el poder, entendido como el acceso a puestos de elección popular, ni que no sean exitosos, en otros términos, por ejemplo, como negocios.

Movimiento Ciudadano (MC), antes Convergencia, apoyó a AMLO en las campañas de 2006 y 2012, en 2018 se decantó por una alianza con el PAN y Partido de la Revolución Democrática (PRD). Aunque el tener dos partidos identificados con la izquierda y uno de derecha, parecería favorecer a los primeros, el peso específico del PAN lo hacía ser el pivote sobre el cual gravitaban PRD y MC. La apuesta fue por un voto pragmático ajeno a doctrinas partidistas y anti López Obrador. La estrategia de MC fue acompañar la alianza, pero resaltar a figuras con buena reputación e imagen fresca, lo que al final terminó por darle buenos resultados: la gubernatura de Jalisco y escaños suficientes en el congreso para conformar su propia bancada. ¿Pudo haberlo hecho mejor si hubiera ido en alianza con AMLO?, muy probablemente, tan solo ver los resultados de los aliados de Morena: el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro social (PES) es suficiente para darse cuenta, pero que MC trate de conformar una identidad propia como partido de izquierda parece indicar que la apuesta por ser un partido con interés de obtener el poder es en serio y planteada a mediano plazo. La cuestión es ¿podrán en algún momento arrebatarle a AMLO la bandera moral? Dependerá que el primero cometa errores, que ellos no los cometan y, sobre todo, que ante la sociedad se presenten como un partido lo suficiente maduro como para trabajar por las causas justas de la izquierda que ahora está en el gobierno, por lo pronto el sumar a su bancada a Noé Castañón Ramírez ex priista expulsado por golpeador, no los ayuda para nada.

El Partido Verde (PV) es el ejemplo de que en la política no solo es negocio lograr el poder, el PV ha sido parte de la alianza electoral ganadora en 2000 y en 2012 con diferentes partidos, ha logrado conseguir la votación mínima para mantener el registro y la suficiente para negociar con los ganadores, a pesar de los costos reputacionales que arrastra, es  todo un éxito en términos mercadológicos, el llamarse verde es el primero de ellos, pues a pesar de tener un tucán, especie en peligro de extinción en su imagen, no se identifica con la corriente internacional de partidos ecologistas a nivel mundial. El partido es un negocio exclusivo en el que solamente se invita a los más selectos mirreyes de la política. Si bien este 2018 fue arrastrado a los últimos lugares de la votación junto con el PRI, no ha dudado en presentarse como socio para el nuevo gobierno de izquierda y por medio del exgobernador de Chiapas, Manuel Velazco, ya se encuentra en negociaciones para ser parte de la coalición electoral en la próxima elección de Baja California (BC) y probablemente en Puebla. Desde antes del inicio del nuevo gobierno con la polémica votación en el congreso para autorizar a Velazco temporalmente como senador, asumir nuevamente como gobernador y regresar al senado, empieza a permear su mala imagen. No se ve que pretenda cambiar la estrategia en el futuro, todo dependerá de que tan útil pueda ser para morena y que tanto éstos estén dispuestos soportar su fétida imagen.

El PES surgió como un partido estatal en BC dirigido a los grupos religiosos cristianos, identificados por los valores familiares. Dirigidos por un hábil político como es Hugo Eric Flores a pesar de ser parte de la coalición electoral del Estado de México con el PRI en 2017, el PES no dejó pasar la oportunidad y contra todo sentido ideológico se sumó a la campaña de AMLO, quien seguramente calculó las ventajas de un tercer partido en la alianza “juntos haremos historia”. Aunque legítimamente el partido no cumple con los requisitos para mantener el registro, la demora en su liquidación y la buena voluntad de AMLO, que como sabemos goza de un poder absoluto, seguramente lo mantendrá con vida.

Del PRD no hay mucho que decir, mordieron más de lo que podían tragar, dicen que la victoria tiene puchos padres y la derrota es huérfana, en 2006 y 2012 el partido fue competitivo y aunque no ganó la presidencia logró curules y gubernaturas. Aquellos que ocuparon los puestos más relevantes sobreestimaron sus méritos y le dieron la espalda al responsable de sus victorias, AMLO. Hoy es cuestión de tiempo para que lo que queda del partido busque nuevos rumbos, la mayoría buscará cobijo en Morena. El partido puede o no perder el registro, pero sin duda será intrascendente.

El enigma más grande es lo que sucederá con el PRI y el PAN, si en 2000 muchos creían que el PRI no podía existir sin la presidencia, el partido demostró que el poder se encuentra más allá de la silla del águila. Con un trabajo disciplinado en sus bastiones estatales, el partido logró mantener las alianzas, objetivos e intereses en común, quizá no hay frase que refleje mejor la doctrina priista que “el que se mueve no sale en la foto” del finado sindicalista Fidel Velázquez. Los siguientes años le terminaron por dar la oportunidad al “partidazo” de resurgir, la melancolía por los años de prosperidad, trajo de vuelta al PRI a la presidencia con Peña Nieto en 2012. Tras la contundente derrota del año pasado, los escenarios catastrofistas están a la orden del día. ¿Hay oportunidad nuevamente de un resurgir basada en la idea de “el PRI si sabía gobernar? La estrategia del 2012 se basó en el “nuevo PRI” una generación de jóvenes que supuestamente heredaban lo bueno del partido sin la carga de desprestigio del pasado. El resultado, el peor saqueo en muchos años, robo al erario público más allá de todas las formas. ¿Qué podría ser entonces lo que ofrezca el “nuevo- nuevo PRI? No se sabe, se plantea incluso cambiar el nombre, pero dudo que esto ocurra, por lo pronto parece que los lideres están entendiendo muy bien el momento, no pueden luchar contra la corriente, y como comenté en mi anterior texto, es momento de guardar silencio y dejar que las cosas caigan bajo su propio peso. Si colabora con el gobierno actual no será visto como un obstáculo, como el causante de las desgracias que se niega a aceptar su responsabilidad.

EL PAN se encuentra en el caso contrario, a pesar de ser el segundo partido en importancia en términos de votación y de espacios en el congreso, para la elección de 2018 hizo mal todo lo que pudo haber hecho mal, desde elegir al candidato menos rentable, (sin embargo, para Ricardo Anaya, el candidato presidencial se puede decir todo lo contrario, hizo todo lo que debía hacer en la búsqueda personal del poder, llegando hasta donde podía hacerlo) hasta diluir su base ideológica con los partidos de izquierda PRD y MC. Hoy el PAN tiene abiertos demasiados frentes, tanto internos como externos y no parece que dentro de sus partidarios exista alguien dispuesto a luchar por regresar la identidad al partido y la bandera moral basada en los principios que le ganaron el favor del electorado años antes. Cuadros tiene, se puede hablar por ejemplo de Laura Rojas, de Hector Larios, de Ernesto Ruffo y sobre todo de Javier Corral, sin embargo, no han podido capitalizar esfuerzos para oponerse a la influencia de Anaya, quien ni picha ni cacha ni deja batear. Tan escasos andan de argumentos que intentan hacer un caso de conspiración la muerte de Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle y arrimarse a la sombra de sus nada rentables imágenes.  

La ciudadanía es consciente de la necesidad de un cambio, pero no todos están dispuestos a sacrificar lo que sea necesario para el cambio, por ejemplo, en la lucha contra la extracción y comercialización ilegal de combustibles no todos están dispuestos a sacrificar el uso de sus vehículos para acabar con el robo a los ductos; he ahí el área de oportunidad del panismo. Desgraciadamente hoy solo juegan a reaccionar a cada paso de Lopez Obrador, siempre con resultados contraproducentes, esa postura los puede llevar a convertirse en lo que fue el PRD para el sistema político, la obstrucción radical de la gobernabilidad, para terminar por ser vistos como una carga, más que como una alternativa. Su futuro depende de la superación de la influencia e Anaya, y la correcta lectura de los tiempos. Para las siguientes elecciones deberían aplicar una estrategia de contención de daños, empezando por BC. En el mediano plazo pueden ser la alternativa a morena o pueden caer en la irrelevancia del PT.

Morena vive por y para AMLO, ahora tras ganar el poder no se ve el más mínimo indicio de independencia, al contrario del PRD todos en el barco saben a quién le deben el asiento, y aunque por supuesto que aspiran a más, no dejarán de apoyar al presidente, nuevamente “el que se mueve no sale en la foto” y hoy Ebrard, Monreal y hasta Batres están más cerca que nunca del poder. AMLO no es joven por lo que el partido debería pensar a mediano y largo plazo, pero dada la naturaleza del partido, difícilmente cualquiera de los militantes antes mencionados buscará apuntalar el partido antes que sus carreras.

Hasta aquí se habla desde el punto de vista del pragmatismo político, en la búsqueda del poder existen otros factores no ponderables, como son los efectos circunstanciales de la realidad, algunos previstos como las candidaturas independientes y otros improbables como los desastres naturales; así como también se debe considerar las nuevas dinámicas en la comunicación; si hoy las redes sociales y los influencers son la tendencia, nada garantiza su superación por nuevas formas o incluso la expiración y el retorno a medios más formales, así como el planteamiento mismo del sistema electoral que bien podría sufrir cambios, ya lo vemos con el recorte presupuestal, el cual en un futuro podría alcanzar a los partidos. Hagan sus apuestas…

lunes, 10 de diciembre de 2018

Es momento de darle vuelta a la página...


Si algo sabe un político experimentado es que en democracia las derrotas y las victorias son pasajeras. Historias de políticos exitosos que en algún momento vieron su destino cuesta arriba sobran en todas las latitudes; desde resistencias heroicas como la de Nelson Mandela en Sudáfrica en la lucha contra el Apartheid hasta el levantamiento de un joven soldado austriaco en la primera guerra mundial que llegaría a ser el Führer. La opinión pública y las preferencias políticas del mañana se transforman por los actos del presente; del cumplimiento de las promesas depende que tan pronto o que tan tarde llegará el movimiento del péndulo dentro del espectro político.

Entiendo el sentimiento de los derrotados en la última elección presidencial en México, no perdieron solo la elección y la dirección del gobierno, también perdieron el control sobre el aparato de bienestar que los ha cobijado; pero dada la certeza que en algún momento retornarán al poder, ¿vale la pena perder el tiempo buscando como hacer tropezar al nuevo gobierno con los mismos argumentos que fueron ignorados por la sociedad el 1 de julio?

El nuevo gobierno por si solo inevitablemente cometerá errores, tratar de exhibirlos en momentos en que tiene la opinión pública a favor ¿no resulta contraproducente? Quizá lo más conveniente en este momento es trabajar en la autocrítica y en la modificación de la imagen que durante años forjaron mediante sus políticas económicas, políticas y sociales que se reducen a una sola palabra, imprecisa pero efectiva ante el imaginario colectivo: “neoliberalismo”.  ¿Qué pasaría si las plumas periodísticas y opinólogos predilectos cerraran la boca? Creo que los disensos al interior de la izquierda se empezarían a oír, contagiando de objetividad a las críticas y despertando la crítica de la sociedad.

Lo que existe hoy a la ahora oposición seguro le parece un contagio social de irracionalidad. No lo es, es el rencor sembrado durante tantos años de injusticia y, si no se callan, en el corto plazo arrasará con todas las instituciones que han servido a sus intereses o si lo quieren creer así, al interés de México; incluidos el federalismo, la separación de poderes, las instituciones autónomas, entre otros, como ahora mismo se está poniendo bajo asedio al poder judicial. Lo que deben entender es que con tan solo un poco de objetividad de su parte verían que nadie puede justificar ni los salarios ni la impartición de justicia en México. Tratar de defender la legitimidad del Poder Judicial ante la opinión pública es una pelea perdida desde ahora. Tratar de rescatarla sería perder lo más por lo menos. Las nominaciones totalmente sesgadas para el puesto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación que deja el ministro José Ramón Cossio Díaz no serían las mismas sin las polémicas por los salarios.

Durante la elección, el argumento principal de los detractores de Morena, fue que sí se puede estar peor, y describían situaciones de terror que hablaban de Venezuela. Eso es lo mismo que les digo ahora, ustedes sí pueden estar peor si no recurren a la autocrítica y la reflexión; su pérdida de influencia, su pérdida de privilegios, la estructura que legítimamente creen que les corresponde, lo pueden perder. Les invito a mirar a otro país latinoamericano y socialista: Cuba. Tras la victoria de la revolución dirigida por Fidel Castro no se planteó el convertir la isla en aliada del sistema soviético. Las presiones norteamericanas los orillaron a ese camino.

Para evitar la peor de sus pesadillas les sugiero que, por lo menos en los siguientes tres años escriban libros, den clases, sean empresarios exitosos, y profundicen sus posiciones. Sean críticos, les recomiendo el libro de moda, “Como mueren las democracias” de Steven Levitsky y‎ Daniel Ziblatt, escrito a consecuencia de la pérdida de poder de los partidos liberales en todo el mundo; es un buen lugar para empezar.

Los ganadores y perdedores, en democracia no son permanentes y los cambios se dan por el esfuerzo de unos y la complacencia de otros. Hombres y mujeres indignados, por el bien de todos y de sus propios intereses.

Es hora de guardar silencio.

lunes, 3 de diciembre de 2018

¿México o el aparato de privilegio de unos cuantos?


imagen "un domingo en la alameda" de Diego Rivera
Cuando escucho a los funcionarios públicos que participan en negociaciones internacionales decir que trabajan por México, no lo dudo, lo que cuestiono es: ¿estamos entendiendo lo mismo al referirnos a México?

No pretendo entrar en la discusión sobre las definiciones de Estado-nación[1], pero si señalar que cuando hablamos de “México”, dependiendo del estrato socioeconómico de la población se está haciendo referencia a una concepción particular y que ante la toma de poder por parte de Andres Manuel Lopez Obrador, lo que está en disputa es la concepción que tienen los favorecidos  económicamente.

En México, la victoria electoral de AMLO se debió a su propuesta de anteponer las necesidades de supervivencia de la población excluida, así como el fin del saqueo generado por la corrupción institucional y en general, de una promesa de mejor distribución de los beneficios del Estado.

Una vez reconocido el resultado electoral, la parte de la población que hasta ahora ha cubierto sus necesidades de bienestar, no ha asimilado que lo que se aproxima es el control del aparato jurídico-institucional por intereses contrarios a los suyos. Desafortunadamente, mientras que para los excluidos permanentemente, la identificación de sus intereses con los del nuevo gobierno (respecto al uso del aparato estatal) no son del todo claros, para las elites del sistema (bajo sus diferentes rostros: medios de comunicación, escuelas privadas, empresarios, burocracia dorada, etc.) no hay duda alguna, cualquier medida redistributiva es un ataque directo a su condición y la polarización es la pérdida de control sobre hechos que iban ligados a sus intereses, disfrazados de política nacional. Ellos tienen la gran ventaja de saber plenamente que cuando hablan de “México” hablan de SU fuente de bienestar. Si se bajan los sueldos de los funcionarios públicos, se está afectando a SUS funcionarios públicos, si se cambian los métodos de manejar las licitaciones se está afectando SUS jugosos contratos, si se modifican los perfiles de los funcionarios públicos se afectan a SUS egresados y sus fuentes de trabajo.

Así, antes de entablarse en una discusión eterna entre chairos y fifís, la próxima vez que escuche argumentos que hablan del desastre que espera a “México” en el siguiente sexenio, considere que al “México” al que aluden no es el que refiere a la identidad entre paisanos, ni a las tradiciones culturales, ni mucho menos a un sentido patriótico; ponga atención a lo que escucha y en lugar de “México” escuche “mi aparato de privilegios” y entenderá como desde el punto de vista de sus intereses no hay duda del porqué del fatalismo (piense en los funcionarios públicos que perderán sus seguros particulares, cuando el resto de mexicanos tiene que ir a instituciones de salud públicas). Con esto reevaluará si vale la pena o no hacer caso de las críticas al nuevo gobierno y sobre todo, si está dispuesto o no a permitir que esas críticas cancelen los cambios planteados por el nuevo gobierno en aras de evitar la politización con sus conocidos.




[1] El orden mundial en el siglo XXI está basado en las relaciones entre entidades que reconocemos como Estados, pero esto no ha sido la constante, en otros momentos de la historia las sociedades han creado lazos de pertenencia a través de identidades como la religión, las familias, las clases sociales, los reinos, entre otros. El Estado es solamente la figura que logró aglutinar de forma más eficiente a la sociedad a partir del siglo XVII a medida que se expandía el sistema de producción capitalista. La concepción del Estado-nación logró superar los beneficios que las otras identidades ofrecían a los individuos y obtener su lealtad por medio de estrategias narrativas de amplio consenso, como lo son: una historia fundacional, los símbolos patrios, el idioma, e incluso la religión, dando un sentido de pertenencia a sus miembros. Al funcionar como aglutinador de esfuerzos, el aparato jurídico-institucional del Estado logró dar a una parte de la población seguridad, empleo, y demás medios de supervivencia, es decir un estado de bienestar.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Cambió el régimen, ¿cambió la participación política de la sociedad?


En 2014, en el marco de la agenda del Pacto por México, el sistema político electoral fue objeto de la más reciente reforma electoral. En ella se modificaron aspectos institucionales del sistema electoral (modificaciones al antes llamado Instituto Federal Electoral para darle alcance Nacional y se legisló sobre la posibilidad de generar consultas ciudadanas), del régimen político (creación de gobiernos de coalición y cambios en el período de transición) y del modelo de competencia electoral (se reglamentaron las figuras de candidatos independientes y se avaló la reelección de legisladores). Esta reforma generó grandes expectativas para las elecciones federales en 2015, en el contexto de los mayores escándalos de corrupción en el sexenio de Enrique Peña Nieto, la sociedad ponía a prueba dos mecanismos electorales: la consulta popular y las candidaturas independientes. Ambas representaban la superación de los partidos políticos como obstáculos para la participación ciudadana en el objetivo de perfilar un mejor rumbo para México. La primera quitándole el control absoluto de la agenda legislativa al congreso y la segunda como la posibilidad de la alternancia fuera de los partidos políticos.   

 

Hoy recordamos los resultados de esas iniciativas como falsas esperanzas. la elección dejo ver que el sistema político no estaba abierto a un cambio por las buenas. Fiel a la tradición política mexicana del siglo XX, las reformas estaban diseñadas para que nada cambie. Las reglas de la consulta popular no dieron margen de maniobra a los cambios reales (no puede consultarse sobre: I. La restricción de los derechos humanos reconocidos por la Constitución; II. Los principios consagrados en el artículo 40 de la Constitución; III. La materia electoral; IV. Los ingresos y gastos del Estado; V. La seguridad nacional, y VI. La organización, funcionamiento y disciplina de la Fuerza Armada permanente) de tal forma que ninguna de las 4 propuestas de consulta logró llegar a las boletas electorales. Para el caso de las candidaturas independientes los requisitos terminaron por ser excesivos para los ciudadanos sin carrera política previa, casi en su totalidad fueron ex militantes de los principales partidos políticos con estructuras clientelares quienes terminaron por hacer uso de tal condición.[i]

 

¿Fueron esas las circunstancias que prepararon el camino para la aplanadora electoral de Andres Manuel López Obrador y su partido MORENA? Está claro que en la elección del 1° de julio, la ciudadanía optó por la promesa de un cambio radical, un cambio que sacudiera de fondo las estructuras que permitieron el escándalo de la casa blanca y los desfalcos de diversos gobernadores del PRI. Las luchas desde la sociedad civil como la propuesta 3 de 3 y el Sistema Nacional Anticorrupción fueron muestra del insuficiente alcance del esfuerzo por hacer cambios “desde fuera”.

 

Hoy, a unos días para la toma de posesión del presidente electo, en México se siente un ambiente extraño, por un lado, la incertidumbre de estar parados en un mundo fuera del control de los viejos políticos, con todas las posibilidades que el optimismo ofrece; y, por otro, con los adversarios apabullantemente derrotados actuando como antes de la elección, sin tener claro cómo es que fueron despojados del poder y sin dejar de señalar que los nuevos detentores no son mejores que ellos en cuanto a calidad moral y probidad se refiere. Su apuesta es que más temprano que tarde la decepción ciudadana los pondrá de nueva cuenta en el tablero de juego.

 

¿Hacia dónde se decantará la realidad? Y sobre todo ¿será esta una nueva oportunidad para marcar el tono desde la ciudadanía? Hay razones para aceptar el reto como sociedad civil. A pesar de haber ganado con un amplio margen y absoluta legitimidad, el voto de Lopez Obrador va más allá de él mismo: en gran parte significó un consenso en contra de un desprestigiado PRI. Quizá sólo en los momentos críticos de la historia de México ante el asedio extranjero se había dado tal consenso de ideas y voluntades, todos tienen los ojos en el mismo balón, un cambio en la práctica política, en la búsqueda de un servicio público digno y a favor de la sociedad. Si como dicen los adversarios de MORENA, los nuevos políticos resultan más de lo mismo, no significa que se alterarán los mencionados anhelos públicos. Las demandas cívicas de menor corrupción, honestidad en el servicio público y rendición de cuentas seguirán ahí como bandera para nuevas propuestas de hacer política.

 

Ante la alta polarización del momento los opinadores oficiales se quejan de que las redes sociales son un calvario; todo mundo opina, refuta y argumenta. Los buenos tiempos donde su voz y sus letras eran absolutas quedaron atrás. Las posturas prepotentes y abusivas de servidores públicos son inmediatamente circuladas en las redes sociales, cumpliendo de esta forma el papel que la prensa tuvo mucho tiempo atrás como contrapeso del poder.

 

Quizá es una etapa de transición y, como en todo proceso de transición, hay pasos hacia adelante y pasos hacia atrás, decisiones institucionales carentes de sentido y legitimidad no faltaron en el proceso electoral de 2018 (casos de interpretaciones absurdas a la Constitución como en los casos de Miguel Angel Mancera y Manuel Velasco para acceder al Senado o el caso de la candidatura independiente del todavía gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón). La interrogante ahora es ¿quién o quiénes tomarán la iniciativa?




[i] Como no toda victoria es absoluta, tampoco la derrota. De entre los candidatos sin partido y compitiendo bajo reglas mañosas, dos candidatos dieron la sorpresa: Manuel Cloutier Carrillo, hijo del fallecido Maquío, se coló en el congreso como diputado con una votación superior al 40% del total por su distrito en Sinaloa. El segundo fue un joven de 25 años, Pedro Kumamoto, quien con una estrategia basada en redes sociales y bajo presupuesto ingresó al congreso de Jalisco. La elección de ambos significó la excepción que confirma la regla, pues a pesar de los esfuerzos, los cambios reales requieren de mayorías.