lunes, 11 de febrero de 2019

Partidos Políticos de México, ¿sobrevivirán en el mediano plazo?


El resultado electoral de 2018 estaba a la vista de quienes quisieran verlo desde por lo menos 2 años antes; por un lado, un gobierno impresentable y trasgresor del mínimo respeto que la sociedad mexicana se merecía, por otro, un candidato que repetía la lucha histórica por el poder basado en la promesa de cambio en beneficio de los de abajo de Salvador Allende en Chile y Lula da Silva en Brasil.

Hoy el efecto Andrés Manuel López Obrador (AMLO) acapara todo el espectro, el poder político absoluto en el que hoy por hoy no existe una oposición política real. Si bien para la elección de 2018 había oficialmente 9 partidos políticos nacionales, la sacudida del 2 de julio hizo que el partido Nueva Alianza perdiera el registro, que Encuentro Social (PES) se encuentre en veremos y que los partidos más grandes: Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN), tuvieran una votación tan baja que además de los costos de perder el poder, en los próximos años sufrirán una enorme disminución en los recursos públicos que recibirán. La nueva configuración política nos obliga a pensar en su futuro, por lo menos para las próximas dos elecciones: 2021 y 2024.

Teóricamente, los partidos políticos en México son la vía de acceso de los ciudadanos al poder. Pero que ese sea el objetivo, no significa ni que logren el poder, entendido como el acceso a puestos de elección popular, ni que no sean exitosos, en otros términos, por ejemplo, como negocios.

Movimiento Ciudadano (MC), antes Convergencia, apoyó a AMLO en las campañas de 2006 y 2012, en 2018 se decantó por una alianza con el PAN y Partido de la Revolución Democrática (PRD). Aunque el tener dos partidos identificados con la izquierda y uno de derecha, parecería favorecer a los primeros, el peso específico del PAN lo hacía ser el pivote sobre el cual gravitaban PRD y MC. La apuesta fue por un voto pragmático ajeno a doctrinas partidistas y anti López Obrador. La estrategia de MC fue acompañar la alianza, pero resaltar a figuras con buena reputación e imagen fresca, lo que al final terminó por darle buenos resultados: la gubernatura de Jalisco y escaños suficientes en el congreso para conformar su propia bancada. ¿Pudo haberlo hecho mejor si hubiera ido en alianza con AMLO?, muy probablemente, tan solo ver los resultados de los aliados de Morena: el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro social (PES) es suficiente para darse cuenta, pero que MC trate de conformar una identidad propia como partido de izquierda parece indicar que la apuesta por ser un partido con interés de obtener el poder es en serio y planteada a mediano plazo. La cuestión es ¿podrán en algún momento arrebatarle a AMLO la bandera moral? Dependerá que el primero cometa errores, que ellos no los cometan y, sobre todo, que ante la sociedad se presenten como un partido lo suficiente maduro como para trabajar por las causas justas de la izquierda que ahora está en el gobierno, por lo pronto el sumar a su bancada a Noé Castañón Ramírez ex priista expulsado por golpeador, no los ayuda para nada.

El Partido Verde (PV) es el ejemplo de que en la política no solo es negocio lograr el poder, el PV ha sido parte de la alianza electoral ganadora en 2000 y en 2012 con diferentes partidos, ha logrado conseguir la votación mínima para mantener el registro y la suficiente para negociar con los ganadores, a pesar de los costos reputacionales que arrastra, es  todo un éxito en términos mercadológicos, el llamarse verde es el primero de ellos, pues a pesar de tener un tucán, especie en peligro de extinción en su imagen, no se identifica con la corriente internacional de partidos ecologistas a nivel mundial. El partido es un negocio exclusivo en el que solamente se invita a los más selectos mirreyes de la política. Si bien este 2018 fue arrastrado a los últimos lugares de la votación junto con el PRI, no ha dudado en presentarse como socio para el nuevo gobierno de izquierda y por medio del exgobernador de Chiapas, Manuel Velazco, ya se encuentra en negociaciones para ser parte de la coalición electoral en la próxima elección de Baja California (BC) y probablemente en Puebla. Desde antes del inicio del nuevo gobierno con la polémica votación en el congreso para autorizar a Velazco temporalmente como senador, asumir nuevamente como gobernador y regresar al senado, empieza a permear su mala imagen. No se ve que pretenda cambiar la estrategia en el futuro, todo dependerá de que tan útil pueda ser para morena y que tanto éstos estén dispuestos soportar su fétida imagen.

El PES surgió como un partido estatal en BC dirigido a los grupos religiosos cristianos, identificados por los valores familiares. Dirigidos por un hábil político como es Hugo Eric Flores a pesar de ser parte de la coalición electoral del Estado de México con el PRI en 2017, el PES no dejó pasar la oportunidad y contra todo sentido ideológico se sumó a la campaña de AMLO, quien seguramente calculó las ventajas de un tercer partido en la alianza “juntos haremos historia”. Aunque legítimamente el partido no cumple con los requisitos para mantener el registro, la demora en su liquidación y la buena voluntad de AMLO, que como sabemos goza de un poder absoluto, seguramente lo mantendrá con vida.

Del PRD no hay mucho que decir, mordieron más de lo que podían tragar, dicen que la victoria tiene puchos padres y la derrota es huérfana, en 2006 y 2012 el partido fue competitivo y aunque no ganó la presidencia logró curules y gubernaturas. Aquellos que ocuparon los puestos más relevantes sobreestimaron sus méritos y le dieron la espalda al responsable de sus victorias, AMLO. Hoy es cuestión de tiempo para que lo que queda del partido busque nuevos rumbos, la mayoría buscará cobijo en Morena. El partido puede o no perder el registro, pero sin duda será intrascendente.

El enigma más grande es lo que sucederá con el PRI y el PAN, si en 2000 muchos creían que el PRI no podía existir sin la presidencia, el partido demostró que el poder se encuentra más allá de la silla del águila. Con un trabajo disciplinado en sus bastiones estatales, el partido logró mantener las alianzas, objetivos e intereses en común, quizá no hay frase que refleje mejor la doctrina priista que “el que se mueve no sale en la foto” del finado sindicalista Fidel Velázquez. Los siguientes años le terminaron por dar la oportunidad al “partidazo” de resurgir, la melancolía por los años de prosperidad, trajo de vuelta al PRI a la presidencia con Peña Nieto en 2012. Tras la contundente derrota del año pasado, los escenarios catastrofistas están a la orden del día. ¿Hay oportunidad nuevamente de un resurgir basada en la idea de “el PRI si sabía gobernar? La estrategia del 2012 se basó en el “nuevo PRI” una generación de jóvenes que supuestamente heredaban lo bueno del partido sin la carga de desprestigio del pasado. El resultado, el peor saqueo en muchos años, robo al erario público más allá de todas las formas. ¿Qué podría ser entonces lo que ofrezca el “nuevo- nuevo PRI? No se sabe, se plantea incluso cambiar el nombre, pero dudo que esto ocurra, por lo pronto parece que los lideres están entendiendo muy bien el momento, no pueden luchar contra la corriente, y como comenté en mi anterior texto, es momento de guardar silencio y dejar que las cosas caigan bajo su propio peso. Si colabora con el gobierno actual no será visto como un obstáculo, como el causante de las desgracias que se niega a aceptar su responsabilidad.

EL PAN se encuentra en el caso contrario, a pesar de ser el segundo partido en importancia en términos de votación y de espacios en el congreso, para la elección de 2018 hizo mal todo lo que pudo haber hecho mal, desde elegir al candidato menos rentable, (sin embargo, para Ricardo Anaya, el candidato presidencial se puede decir todo lo contrario, hizo todo lo que debía hacer en la búsqueda personal del poder, llegando hasta donde podía hacerlo) hasta diluir su base ideológica con los partidos de izquierda PRD y MC. Hoy el PAN tiene abiertos demasiados frentes, tanto internos como externos y no parece que dentro de sus partidarios exista alguien dispuesto a luchar por regresar la identidad al partido y la bandera moral basada en los principios que le ganaron el favor del electorado años antes. Cuadros tiene, se puede hablar por ejemplo de Laura Rojas, de Hector Larios, de Ernesto Ruffo y sobre todo de Javier Corral, sin embargo, no han podido capitalizar esfuerzos para oponerse a la influencia de Anaya, quien ni picha ni cacha ni deja batear. Tan escasos andan de argumentos que intentan hacer un caso de conspiración la muerte de Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle y arrimarse a la sombra de sus nada rentables imágenes.  

La ciudadanía es consciente de la necesidad de un cambio, pero no todos están dispuestos a sacrificar lo que sea necesario para el cambio, por ejemplo, en la lucha contra la extracción y comercialización ilegal de combustibles no todos están dispuestos a sacrificar el uso de sus vehículos para acabar con el robo a los ductos; he ahí el área de oportunidad del panismo. Desgraciadamente hoy solo juegan a reaccionar a cada paso de Lopez Obrador, siempre con resultados contraproducentes, esa postura los puede llevar a convertirse en lo que fue el PRD para el sistema político, la obstrucción radical de la gobernabilidad, para terminar por ser vistos como una carga, más que como una alternativa. Su futuro depende de la superación de la influencia e Anaya, y la correcta lectura de los tiempos. Para las siguientes elecciones deberían aplicar una estrategia de contención de daños, empezando por BC. En el mediano plazo pueden ser la alternativa a morena o pueden caer en la irrelevancia del PT.

Morena vive por y para AMLO, ahora tras ganar el poder no se ve el más mínimo indicio de independencia, al contrario del PRD todos en el barco saben a quién le deben el asiento, y aunque por supuesto que aspiran a más, no dejarán de apoyar al presidente, nuevamente “el que se mueve no sale en la foto” y hoy Ebrard, Monreal y hasta Batres están más cerca que nunca del poder. AMLO no es joven por lo que el partido debería pensar a mediano y largo plazo, pero dada la naturaleza del partido, difícilmente cualquiera de los militantes antes mencionados buscará apuntalar el partido antes que sus carreras.

Hasta aquí se habla desde el punto de vista del pragmatismo político, en la búsqueda del poder existen otros factores no ponderables, como son los efectos circunstanciales de la realidad, algunos previstos como las candidaturas independientes y otros improbables como los desastres naturales; así como también se debe considerar las nuevas dinámicas en la comunicación; si hoy las redes sociales y los influencers son la tendencia, nada garantiza su superación por nuevas formas o incluso la expiración y el retorno a medios más formales, así como el planteamiento mismo del sistema electoral que bien podría sufrir cambios, ya lo vemos con el recorte presupuestal, el cual en un futuro podría alcanzar a los partidos. Hagan sus apuestas…

lunes, 10 de diciembre de 2018

Es momento de darle vuelta a la página...


Si algo sabe un político experimentado es que en democracia las derrotas y las victorias son pasajeras. Historias de políticos exitosos que en algún momento vieron su destino cuesta arriba sobran en todas las latitudes; desde resistencias heroicas como la de Nelson Mandela en Sudáfrica en la lucha contra el Apartheid hasta el levantamiento de un joven soldado austriaco en la primera guerra mundial que llegaría a ser el Führer. La opinión pública y las preferencias políticas del mañana se transforman por los actos del presente; del cumplimiento de las promesas depende que tan pronto o que tan tarde llegará el movimiento del péndulo dentro del espectro político.

Entiendo el sentimiento de los derrotados en la última elección presidencial en México, no perdieron solo la elección y la dirección del gobierno, también perdieron el control sobre el aparato de bienestar que los ha cobijado; pero dada la certeza que en algún momento retornarán al poder, ¿vale la pena perder el tiempo buscando como hacer tropezar al nuevo gobierno con los mismos argumentos que fueron ignorados por la sociedad el 1 de julio?

El nuevo gobierno por si solo inevitablemente cometerá errores, tratar de exhibirlos en momentos en que tiene la opinión pública a favor ¿no resulta contraproducente? Quizá lo más conveniente en este momento es trabajar en la autocrítica y en la modificación de la imagen que durante años forjaron mediante sus políticas económicas, políticas y sociales que se reducen a una sola palabra, imprecisa pero efectiva ante el imaginario colectivo: “neoliberalismo”.  ¿Qué pasaría si las plumas periodísticas y opinólogos predilectos cerraran la boca? Creo que los disensos al interior de la izquierda se empezarían a oír, contagiando de objetividad a las críticas y despertando la crítica de la sociedad.

Lo que existe hoy a la ahora oposición seguro le parece un contagio social de irracionalidad. No lo es, es el rencor sembrado durante tantos años de injusticia y, si no se callan, en el corto plazo arrasará con todas las instituciones que han servido a sus intereses o si lo quieren creer así, al interés de México; incluidos el federalismo, la separación de poderes, las instituciones autónomas, entre otros, como ahora mismo se está poniendo bajo asedio al poder judicial. Lo que deben entender es que con tan solo un poco de objetividad de su parte verían que nadie puede justificar ni los salarios ni la impartición de justicia en México. Tratar de defender la legitimidad del Poder Judicial ante la opinión pública es una pelea perdida desde ahora. Tratar de rescatarla sería perder lo más por lo menos. Las nominaciones totalmente sesgadas para el puesto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación que deja el ministro José Ramón Cossio Díaz no serían las mismas sin las polémicas por los salarios.

Durante la elección, el argumento principal de los detractores de Morena, fue que sí se puede estar peor, y describían situaciones de terror que hablaban de Venezuela. Eso es lo mismo que les digo ahora, ustedes sí pueden estar peor si no recurren a la autocrítica y la reflexión; su pérdida de influencia, su pérdida de privilegios, la estructura que legítimamente creen que les corresponde, lo pueden perder. Les invito a mirar a otro país latinoamericano y socialista: Cuba. Tras la victoria de la revolución dirigida por Fidel Castro no se planteó el convertir la isla en aliada del sistema soviético. Las presiones norteamericanas los orillaron a ese camino.

Para evitar la peor de sus pesadillas les sugiero que, por lo menos en los siguientes tres años escriban libros, den clases, sean empresarios exitosos, y profundicen sus posiciones. Sean críticos, les recomiendo el libro de moda, “Como mueren las democracias” de Steven Levitsky y‎ Daniel Ziblatt, escrito a consecuencia de la pérdida de poder de los partidos liberales en todo el mundo; es un buen lugar para empezar.

Los ganadores y perdedores, en democracia no son permanentes y los cambios se dan por el esfuerzo de unos y la complacencia de otros. Hombres y mujeres indignados, por el bien de todos y de sus propios intereses.

Es hora de guardar silencio.

lunes, 3 de diciembre de 2018

¿México o el aparato de privilegio de unos cuantos?


imagen "un domingo en la alameda" de Diego Rivera
Cuando escucho a los funcionarios públicos que participan en negociaciones internacionales decir que trabajan por México, no lo dudo, lo que cuestiono es: ¿estamos entendiendo lo mismo al referirnos a México?

No pretendo entrar en la discusión sobre las definiciones de Estado-nación[1], pero si señalar que cuando hablamos de “México”, dependiendo del estrato socioeconómico de la población se está haciendo referencia a una concepción particular y que ante la toma de poder por parte de Andres Manuel Lopez Obrador, lo que está en disputa es la concepción que tienen los favorecidos  económicamente.

En México, la victoria electoral de AMLO se debió a su propuesta de anteponer las necesidades de supervivencia de la población excluida, así como el fin del saqueo generado por la corrupción institucional y en general, de una promesa de mejor distribución de los beneficios del Estado.

Una vez reconocido el resultado electoral, la parte de la población que hasta ahora ha cubierto sus necesidades de bienestar, no ha asimilado que lo que se aproxima es el control del aparato jurídico-institucional por intereses contrarios a los suyos. Desafortunadamente, mientras que para los excluidos permanentemente, la identificación de sus intereses con los del nuevo gobierno (respecto al uso del aparato estatal) no son del todo claros, para las elites del sistema (bajo sus diferentes rostros: medios de comunicación, escuelas privadas, empresarios, burocracia dorada, etc.) no hay duda alguna, cualquier medida redistributiva es un ataque directo a su condición y la polarización es la pérdida de control sobre hechos que iban ligados a sus intereses, disfrazados de política nacional. Ellos tienen la gran ventaja de saber plenamente que cuando hablan de “México” hablan de SU fuente de bienestar. Si se bajan los sueldos de los funcionarios públicos, se está afectando a SUS funcionarios públicos, si se cambian los métodos de manejar las licitaciones se está afectando SUS jugosos contratos, si se modifican los perfiles de los funcionarios públicos se afectan a SUS egresados y sus fuentes de trabajo.

Así, antes de entablarse en una discusión eterna entre chairos y fifís, la próxima vez que escuche argumentos que hablan del desastre que espera a “México” en el siguiente sexenio, considere que al “México” al que aluden no es el que refiere a la identidad entre paisanos, ni a las tradiciones culturales, ni mucho menos a un sentido patriótico; ponga atención a lo que escucha y en lugar de “México” escuche “mi aparato de privilegios” y entenderá como desde el punto de vista de sus intereses no hay duda del porqué del fatalismo (piense en los funcionarios públicos que perderán sus seguros particulares, cuando el resto de mexicanos tiene que ir a instituciones de salud públicas). Con esto reevaluará si vale la pena o no hacer caso de las críticas al nuevo gobierno y sobre todo, si está dispuesto o no a permitir que esas críticas cancelen los cambios planteados por el nuevo gobierno en aras de evitar la politización con sus conocidos.




[1] El orden mundial en el siglo XXI está basado en las relaciones entre entidades que reconocemos como Estados, pero esto no ha sido la constante, en otros momentos de la historia las sociedades han creado lazos de pertenencia a través de identidades como la religión, las familias, las clases sociales, los reinos, entre otros. El Estado es solamente la figura que logró aglutinar de forma más eficiente a la sociedad a partir del siglo XVII a medida que se expandía el sistema de producción capitalista. La concepción del Estado-nación logró superar los beneficios que las otras identidades ofrecían a los individuos y obtener su lealtad por medio de estrategias narrativas de amplio consenso, como lo son: una historia fundacional, los símbolos patrios, el idioma, e incluso la religión, dando un sentido de pertenencia a sus miembros. Al funcionar como aglutinador de esfuerzos, el aparato jurídico-institucional del Estado logró dar a una parte de la población seguridad, empleo, y demás medios de supervivencia, es decir un estado de bienestar.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Cambió el régimen, ¿cambió la participación política de la sociedad?


En 2014, en el marco de la agenda del Pacto por México, el sistema político electoral fue objeto de la más reciente reforma electoral. En ella se modificaron aspectos institucionales del sistema electoral (modificaciones al antes llamado Instituto Federal Electoral para darle alcance Nacional y se legisló sobre la posibilidad de generar consultas ciudadanas), del régimen político (creación de gobiernos de coalición y cambios en el período de transición) y del modelo de competencia electoral (se reglamentaron las figuras de candidatos independientes y se avaló la reelección de legisladores). Esta reforma generó grandes expectativas para las elecciones federales en 2015, en el contexto de los mayores escándalos de corrupción en el sexenio de Enrique Peña Nieto, la sociedad ponía a prueba dos mecanismos electorales: la consulta popular y las candidaturas independientes. Ambas representaban la superación de los partidos políticos como obstáculos para la participación ciudadana en el objetivo de perfilar un mejor rumbo para México. La primera quitándole el control absoluto de la agenda legislativa al congreso y la segunda como la posibilidad de la alternancia fuera de los partidos políticos.   

 

Hoy recordamos los resultados de esas iniciativas como falsas esperanzas. la elección dejo ver que el sistema político no estaba abierto a un cambio por las buenas. Fiel a la tradición política mexicana del siglo XX, las reformas estaban diseñadas para que nada cambie. Las reglas de la consulta popular no dieron margen de maniobra a los cambios reales (no puede consultarse sobre: I. La restricción de los derechos humanos reconocidos por la Constitución; II. Los principios consagrados en el artículo 40 de la Constitución; III. La materia electoral; IV. Los ingresos y gastos del Estado; V. La seguridad nacional, y VI. La organización, funcionamiento y disciplina de la Fuerza Armada permanente) de tal forma que ninguna de las 4 propuestas de consulta logró llegar a las boletas electorales. Para el caso de las candidaturas independientes los requisitos terminaron por ser excesivos para los ciudadanos sin carrera política previa, casi en su totalidad fueron ex militantes de los principales partidos políticos con estructuras clientelares quienes terminaron por hacer uso de tal condición.[i]

 

¿Fueron esas las circunstancias que prepararon el camino para la aplanadora electoral de Andres Manuel López Obrador y su partido MORENA? Está claro que en la elección del 1° de julio, la ciudadanía optó por la promesa de un cambio radical, un cambio que sacudiera de fondo las estructuras que permitieron el escándalo de la casa blanca y los desfalcos de diversos gobernadores del PRI. Las luchas desde la sociedad civil como la propuesta 3 de 3 y el Sistema Nacional Anticorrupción fueron muestra del insuficiente alcance del esfuerzo por hacer cambios “desde fuera”.

 

Hoy, a unos días para la toma de posesión del presidente electo, en México se siente un ambiente extraño, por un lado, la incertidumbre de estar parados en un mundo fuera del control de los viejos políticos, con todas las posibilidades que el optimismo ofrece; y, por otro, con los adversarios apabullantemente derrotados actuando como antes de la elección, sin tener claro cómo es que fueron despojados del poder y sin dejar de señalar que los nuevos detentores no son mejores que ellos en cuanto a calidad moral y probidad se refiere. Su apuesta es que más temprano que tarde la decepción ciudadana los pondrá de nueva cuenta en el tablero de juego.

 

¿Hacia dónde se decantará la realidad? Y sobre todo ¿será esta una nueva oportunidad para marcar el tono desde la ciudadanía? Hay razones para aceptar el reto como sociedad civil. A pesar de haber ganado con un amplio margen y absoluta legitimidad, el voto de Lopez Obrador va más allá de él mismo: en gran parte significó un consenso en contra de un desprestigiado PRI. Quizá sólo en los momentos críticos de la historia de México ante el asedio extranjero se había dado tal consenso de ideas y voluntades, todos tienen los ojos en el mismo balón, un cambio en la práctica política, en la búsqueda de un servicio público digno y a favor de la sociedad. Si como dicen los adversarios de MORENA, los nuevos políticos resultan más de lo mismo, no significa que se alterarán los mencionados anhelos públicos. Las demandas cívicas de menor corrupción, honestidad en el servicio público y rendición de cuentas seguirán ahí como bandera para nuevas propuestas de hacer política.

 

Ante la alta polarización del momento los opinadores oficiales se quejan de que las redes sociales son un calvario; todo mundo opina, refuta y argumenta. Los buenos tiempos donde su voz y sus letras eran absolutas quedaron atrás. Las posturas prepotentes y abusivas de servidores públicos son inmediatamente circuladas en las redes sociales, cumpliendo de esta forma el papel que la prensa tuvo mucho tiempo atrás como contrapeso del poder.

 

Quizá es una etapa de transición y, como en todo proceso de transición, hay pasos hacia adelante y pasos hacia atrás, decisiones institucionales carentes de sentido y legitimidad no faltaron en el proceso electoral de 2018 (casos de interpretaciones absurdas a la Constitución como en los casos de Miguel Angel Mancera y Manuel Velasco para acceder al Senado o el caso de la candidatura independiente del todavía gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón). La interrogante ahora es ¿quién o quiénes tomarán la iniciativa?




[i] Como no toda victoria es absoluta, tampoco la derrota. De entre los candidatos sin partido y compitiendo bajo reglas mañosas, dos candidatos dieron la sorpresa: Manuel Cloutier Carrillo, hijo del fallecido Maquío, se coló en el congreso como diputado con una votación superior al 40% del total por su distrito en Sinaloa. El segundo fue un joven de 25 años, Pedro Kumamoto, quien con una estrategia basada en redes sociales y bajo presupuesto ingresó al congreso de Jalisco. La elección de ambos significó la excepción que confirma la regla, pues a pesar de los esfuerzos, los cambios reales requieren de mayorías.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Aun creo que se terminará el aeropuerto de Texcoco



El presidente electo de México, Andres Manuel Lopez Obrador (AMLO) prometió en campaña que cancelaría el Aeropuerto en construcción en Texcoco, una vez electo aseguró que revisaría el proyecto, posteriormente lo puso a consulta y finalmente declaró que el proyecto se cancelará definitivamente al tomar posesión. Aun así, me parece que la opción de continuarlo aún está sobre la mesa.

El conflicto por el aeropuerto no es más que un botón de muestra del tono del enfrentamiento que se observará durante todo el sexenio. En un país en que a la elite económica no parecen conflictuarle los niveles de pobreza que arrastran a más del 50% de la población para referirse al régimen político como una democracia plena, la llegada de un movimiento que promete un cambio sistémico es un atentado a sus intereses y por tanto fuente de conflicto.

Empresarios, políticos, medios de comunicación y demás comparsa prenden los signos de alerta al darse a conocer las medidas sobre su negocio aeroportuario y hacen uso de todos los recursos a su alcance para dibujar el mundo sombrío que le esperaría a los mexicanos si se atenta contra sus intereses. La misma historia de Brasil, Ecuador, Argentina y demás países de la región que en la década pasada otorgaron el mandato popular a la izquierda política. ¿Tendrán México y AMLO el mismo destino?

AMLO tiene dos características que pueden llevar su mandato a un final distinto, un profundo conocimiento histórico de la política y un olfato político que lo obliga a ser pragmático y lo mantuvo vigente por dos sexenios. Cuando los medios elitistas hablan de ignorancia financiera parecen desconocer su paso por la Ciudad de México, e insisten en las mismas tácticas que fracasaron en 2012 y 2018, la amenaza de la huida del capital no es una herramienta efectiva para mover a la opinión pública, pero parecen no entenderlo y los resultados de la consulta son muestra de ello.

La elección de una opción inviable como sería la adaptación del aeropuerto militar en Santa Lucia es muestra de que tan lejos está dispuesto a ir AMLO para logar su misión histórica. "O se alinean o serán arrasados "es el mensaje, todos los medios están sobre la mesa. La elección del reconocido economista Jonathan Heath para subgobernador del Banco de México y la negociación del nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá son muestras de su pragmatismo político, pero al mismo tiempo la baja de salarios para la clase política, en particular para el poder judicial es una señal clara de que su programa de gobierno busca reestructurar la distribución del ingreso de forma permanente.

¿Dará resultado la estrategia? Puede ser que el sector privado de por perdida esta batalla y tan pronto como la siguiente semana, ante la imposibilidad de mantener las bolsas y el tipo de cambio manipulados, cedan a un arreglo. Ignoro cuál es la muestra de colaboración que pide a cambio Lopez Obrador, pero en caso de obtenerla y seguir con el plan del aeropuerto sería muy ingenuo dar por concluida la guerra. La situación del expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva es muestra del rencor del capital.

El cambio histórico en cualquier contexto conlleva la combinación de muchas variables, contando entre ellas la suerte, y seis años son demasiado tiempo como para no sufrir desgastes y poco tiempo como para modificarlo todo, a partir de ahora AMLO deberá elegir cuidadosamente sus batallas, pero, sobre todo, no dar blanco para los que él llama adversarios, que no son sino otra cosa que enemigos de la democracia.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Reseña: “David y Goliat- Desvalidos, inadaptados y el arte de luchar contra gigantes” de Malcom Gladwell


A todos se nos ha dicho alguna vez “si la vida te da limones haz limonada” toma la oportunidad y olvídate del resto. La frase puede tener todo el sentido cuando de sobrevivencia se trata, pero encierra una practicidad simplista. Cuando se expresa a individuos con aspiraciones mayores al “sobrevivir” suena como un consuelo salido de la mediocridad, “no puedes”, “no debes”, “no lo intentes”.

La historia bíblica de la lucha del pastor David contra el guerrero gigante Goliat puede en primera instancia encasillarse en el primer contexto- el de la sobrevivencia- después de todo, se trataba de una guerra entre dos pueblos, encontrándose los israelitas de David ante la posibilidad de caer en la esclavitud ante los filisteos. Pero el análisis de Malcom Gladwell a esta historia deja ver claramente como David nunca contempló esa posibilidad, el pequeño pastor no estaba dispuesto a conformarse con nada que no fuera el destino que Dios tenía preparado para su pueblo. David no era un niño con una honda, era un artillero listo para atacar a larga distancia. Goliat con su espada y su gran tamaño nunca tuvo oportunidad, solamente mostró un mejor blanco para la puntería de su contrincante. El pueblo de Israel mantuvo la libertad y ganó un gran prestigio, no solo la supervivencia.

“David y Goliat” es un libro de superación personal único en su estilo, no es para cualquiera, no ofrece una guía para “hacer limonada”. En nuestras particulares circunstancias, en las manos adecuadas equivale a entregarle “El Príncipe” de Maquiavelo a Lorenzo II de Médici, equivale a brindar la inspiración necesaria para ganar al equipo de béisbol que va abajo en la novena entrada. Malcom Gladwell nos enfrenta a un cambio de perspectiva a través de la narración de una serie de historias: ¿Porque un grupo pequeño es una ventaja en términos de aprendizaje escolar? ¿Es siempre el dinero una ventaja? ¿Cómo es que un alto porcentaje de empresarios exitosos son disléxicos? En todas ellas se nos pregunta ¿estás seguro de cuáles son tus ventajas y desventajas? Desde las luchas en el campo profesional, como el entender y curar una enfermedad, hasta los movimientos de liberación nacional, el autor nos obliga a ver el terreno de juego de otro modo, las reglas están ahí para aquellos en determinadas circunstancias, nada más que la aceptación de nuestra parte de las reglas, se interpone en nuestro objetivo. El atreverse a verlo es en verdad el reto.

En las páginas de “David y Goliat”, se habla de la movilización por los derechos civiles en Estados Unidos, pero podría hablar de la lucha contra el Apartheid en Sudáfrica; habla de la lucha de Lawrence y el pueblo Beduino contra las tropas turcas, pero bien podría hablar de la historia de William Wallace y los escoceses contra la dominación inglesa; nos habla de la resistencia de los católicos en Irlanda del Norte, pero podríamos identificarlo con la resistencia de Vietnam contra Estados Unidos. En todas ellas los gigantes tarde o temprano fueron derrocados.

Gladwell argumenta con datos científicos, históricos y deportivos, pero en el fondo nos habla de una sola cosa, de “política”; del mundo tal como está planteado y como debemos plantearlo si queremos cambiarlo como lo han hecho otros. Tiene sentido, después de todo, la gente que no piensa en política no tiene sueños y “David y Goliat” es un libro para soñadores.

jueves, 30 de agosto de 2018

La defensa de la burocracia dorada en el gobierno federal, prioridades perversas


El salario mínimo en México es de 88.36 pesos diarios, a pesar de que cada sexenio se cambia la estrategia y a pesar de que la mitad de los trabajadores ganan hasta 3 veces ese salario mínimo, los ingresos de los trabajadores son insuficientes para superar los niveles de pobreza que se mantienen por encima del 50% de la población. Sin embargo, los analistas económicos y políticos han puesto el grito en el cielo por la propuesta del recién electo presidente, Andres Manuel Lopez Obrador de disminuir los salarios de la parte más alta de la burocracia, exactamente aquellos que ganan más de un millón de pesos al año (burócratas que viven en un país en el que solo el 1.7% de la población gana arriba de 20 mil pesos mensuales y donde ellos obtienen remuneraciones mínimas de $89,000 al mes). El argumento del sobresalto de los analistas es la tesis de que con un menor salario los mejores y más capaces burócratas preferirán irse al sector privado causando una gran pérdida de talento y capacidad en el aparato gubernamental, sobre todo en organismos especializados, llámense Comisión Federal de Competencia Económica, Servicio de Administración Tributaria, Comisión Nacional Bancaria y de Valores, entre otros.

Resulta interesante este reciente interés por el tema, debido a que, la agenda mediática nunca se ha enfocado en dar seguimiento a las trayectorias de los funcionarios, simplemente se da por sentado que al referir al alma mater y los estudios en el extranjero se puede confiar de la competencia; saltar de un puesto a otro en poco tiempo nunca ha sido motivo de una nota inquisitiva en los diarios de circulación nacional, ni mucho menos posibles casos de conflictos de interés como los de los extitulares de los organismos supervisores financieros que no pierden el tiempo en dar el salto a la industria, aun cuando la ley establece un periodo mínimo fuera del sector. Por otro lado, las cascadas de cambio dentro de las diferentes entidades gubernamentales tampoco han despertado el interés periodístico, la constante degradación del Servicio Profesional de Carrera (SPC) y el abuso de la Ley del Servicio Profesional de Carrera con mecanismos como el artículo 34 para nombramientos sin concurso, no han ocupado los titulares de ningún periódico ni en este, ni en otros sexenios.

¿A qué se puede atribuir entonces está coordinada sinfonía de voces críticas o como llaman “nado sincronizado de la prensa”?  Tomando en cuenta el ritmo de los diferentes temas en la agenda durante la elección, primero a favor de un voto de miedo y segundo con el regateo para un voto dividido, no se puede dejar de lado un motivo malintencionado para empujar el tema, pudiendo ser éste que pugnar por un salario “justo” para los funcionarios públicos (hablando de aquellos que están sujetos al recorte) es pugnar por mantenerlos en la estructura burocrática del estado, es decir generar resistencia a los cambios políticos de forma fáctica. Con lo anterior se buscaría que ocurra el fenómeno del gatopardismo, que cambie el titular, pero no la estructura para hacer los cambios de fondo. El mismo móvil sustenta la crítica en el caso del plan de modificar a los distintos delegados federales en los estados, lo mismo con el traslado de las secretarías a los estados e igual que con la concentración de las compras públicas en la SHCP, todo para poner mayores trabas a un proyecto que aún está en borrador.

Si de verdad existe un profundo interés por la eficiencia de la Administración Pública, tanto los medios de comunicación como los organismos de la sociedad civil deben enfocar sus agendas en el perfeccionamiento del SPC, como he argumentado anteriormente, esta es una herramienta de suma utilidad para el reclutamiento y selección de funcionarios federales, ahí está la clave para obtener recursos humanos de gran capacidad, no en defender a la burocracia dorada del último sexenio.